24.6.06

Carta abierta a José Saramago

Hay un cristal. A un lado el escritor, que también es lector. Al otro, el lector que, a ratos, escribe. A través del cristal el lector puede ver lo que, del escritor, sus obras van permitiendo. En algunas, el escritor deja la huella, firme, consciente, es lo deseado, de su paso por un camino, aquél que haya elegido, éste que sigue.
Las huellas que va dejando dicen mucho, más de lo que se pueda a ver con una simple mirada, no, no nos quedemos con eso solamente, tampoco aquí.
La huella nos cuenta si los pasos son firmes, si la marcha es constante, o si es un andar cansino, como quién está al final del camino. Algunas son ingenuas, otras ya ni se ven, de andar por caminos ya gastados de tanto ser recorridos. Otras, con esperanza, nos mostrarán un andar de quien acaba de comenzar un largo camino.
De vez en cuando se encuentra de entre todas las huellas una diferente, que se aventura por lugares sin explorar, una huella que al menos se sale del grupo, que sí, que algo más debe de haber por ahí. Éste es el caso. El lector, poco amigo de ídolos, enemigo de adoraciones, sigue los pasos del caminante con la vista, con admiración, esperando, tras cada paso, que el camino andado le siga sorprendiendo, enseñando, confirmando, o poniendo en duda, provocando... Tras cada curva del camino, desde la cima de cualquier colina en las que, juntos lector y escritor, paren para descansar, para echar la vista atrás y ver el paisaje del camino recorrido, desde ahí, por respeto al escritor y a sí mismo, se pregunta, a donde va éste, a donde vamos, hoy le sigo, hoy no le sigo, tu camino me sigue fascinando…
El cristal puede, y debe ser transparente en las dos direcciones. No es cuestión de que el caminante se limite a mostrar sus obras, que son sus ideas, sino que además impida, en la medida de lo posible, que la comunicación entre ambos quede sesgada, que alguien que tanto dice, tanto querrá oír, suponiendo, que todo lo dicho, todo, esté lejos de ser un dogma, desde luego no es el caso.
El lector pasa horas mirando por el cristal, llevándoselo aquí y allá, asomándose, dedicando los tiempos que nos quedan a las ideas y paisajes mostrados. El camino, al seguirlo, nos mostrará selvas donde las ideas crecen sin ningún orden, o viejas plantaciones, donde las ideas, desde hace siglos, crecen en hileras perfectas.
Pero el camino termina, sin llegar al final, será porque no hay final, debe ser, aunque a tantos cueste entenderlo, que no vamos a ningún sitio, y que si lo hacemos, que no pararemos, que seguiremos avanzando…
Ante el paisaje, siempre a través del cristal, me paro, respiro, y vuelvo la vista atrás, intento no pasar de largo, el camino está trazado, sí, pero los paisajes los podemos elegir…

Desde el otro lado del cristal

5 comentarios:

  1. Creo que el cristal del lado del escritor no es, siempre, lo claro que los que estamos al otro lado quisieramos (quiza fuese contraproducente).
    Pero me gustaría saber una cosa: Te ha contestado el maestro? Porque para mi quisiera la lucided y claridad que tiene Saramago.
    Regresando a tu carta me pareces tener mucha razón en lo que dices y sobre todo me gusta mucho cómo lo dices.

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  2. hola

    La escribí hace tiempo, pero no se la he llegado a enviar,

    la lucidez y claridad de saramago, es única en coherencia y compromiso como persona, su prosa es diferente, y le ayuda, sin duda, a provocar al lector continuamente, que es para mí su gran aportación,

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  3. Corren malos tiempos... Necesitamos mentes lúcidas y comprometidas como la de Saramago para poder ver con claridad entre tanto humo. Corren malos tiempos para la libertad!

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  4. Muy malos, has dado en el clavo con lo del humo, si, para él la sociedad está ciega (famosa novela de la cegura..), habla de un compromiso, pero no como escritor sino como persona...

    Pero a pesar del humo, siguiendo tu metafora, se puede ver, sí, pero quien mira?

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  5. Buenos, ya somos 3: tu y yo y él! :) Por algo se empieza!

    Necesitamos palabras para lanzarlas y que hagan daño. Palabras de peso y puntiagudas. :)

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B I E N V E N I D O !
Aquí no eres un extraño