26.11.06

"Se condena a De Juana Chaos..."

Foto de Chee Hong Peow "Erosion"
Artículo de Nicolás García Rivas.
Catedrático de Derecho Penal de la UCLM.
El País. Opinión. 24-11-2006
La sentencia de la Audiencia Nacional que condena al etarra De Juana Chaos a 12 años y 7 meses de prisión por un delito de amenazas merece un comentario crítico desde un punto de vista jurídico-penal, al margen del que pueda realizarse en el plano político sobre su incidencia en el denominado "proceso de paz" en el País Vasco.

Conviene recordar que todas (absolutamente todas) las resoluciones judiciales pueden ser criticadas en un sistema democrático; hace años que desapareció el delito de desacato. La Audiencia Nacional ha condenado a De Juana Chaos por el contenido de sendos artículos publicados en el diario Gara en diciembre de 2004, artículos en los que denunciaba el trato procesal recibido (su no "excarcelación") y la situación penitenciaria de los presos de ETA, aludiendo con nombres y apellidos a un juez central de Vigilancia Penitenciaria y a varios funcionarios de prisiones, acusándoles de actuar al margen de la ley e incluso, en algún caso, de cometer delitos concretos (torturas, malversación de caudales públicos, etcétera), menciones que quizá habrían servido para que estas personas se querellaran contra De Juana Chaos si hubieran considerado calumniosas dichas imputaciones, cosa que no hicieron, pero no para calificarlas como amenazas, que es el delito por el que se le ha condenado.

La sentencia define la amenaza como "el anuncio, mediante hechos o palabras, de la causación a otro de un mal, con apariencia de seriedad y firmeza". Advierte, por otra parte, de que se trata de un delito circunstancial, que exige tener en cuenta el contexto en el que se desarrollan los hechos y las características de los sujetos involucrados. Hasta ahí, la Audiencia Nacional reproduce la jurisprudencia tradicional del Tribunal Supremo sobre esta figura delictiva.

El problema comienza cuando tiene que definir ese "mal" que constituye el eje de la acusación, sencillamente porque en los artículos escritos por De Juana Chaos no aparece conminación alguna, salvo una exclamación genérica, dirigida al Estado español, del siguiente tenor: "¡Sacad vuestras sucias manos de Euskal Herria! Sí, sacadlas, porque otro camino sólo implica más sufrimiento, o el futuro terminará demostrando, sin duda, que os quedasteis sin ellas", expresión a la que desgraciadamente ya estamos acostumbrados y que constituye una de las ideas (?) centrales del discurso abertzale e incluso podría considerarse -si me apuran- una demostración de enaltecimiento o justificación del terrorismo, delito castigado con hasta dos años de prisión, pero no una amenaza directa contra nadie.

La sentencia reconoce que "los artículos periodísticos no contienen de forma exacta la descripción del mal", pero interpreta que el "señalamiento" de las personas mencionadas podría considerarse una amenaza "velada", pues dichas alusiones no las efectúa un individuo cualquiera, sino "un miembro de la organización terrorista ETA con numerosos asesinatos a sus espaldas", lo que permitiría inferir que De Juana Chaos incluyó los nombres con el propósito (afirmado sin prueba alguna en la sentencia) de encargar a otros miembros de la banda que atentasen contra los aludidos. Extraña maniobra, si se tiene en cuenta que éstos eran bien conocidos en la órbita abertzale y que los artículos se publican cuando habían pasado casi dos años desde el último atentado de ETA y siete desde que la banda armada anunciara que los funcionarios de prisiones habían dejado de ser objetivos de la misma, circunstancias que debían pesar en la valoración del Tribunal tratándose de un delito "circunstancial", como la propia sentencia no deja de recalcar.

Por ello, de su lectura se extrae la inquietante conclusión de que la maldad requerida para construir el delito de amenazas reside no tanto en los actos de De Juana Chaos como en su propia persona, alguien condenado por asesinato cuya abyección permite atisbar siniestras intenciones tras su denuncia con nombres y apellidos. Ése es el pilar en el que se apoya realmente la condena a más de 12 años de prisión. Y por ese motivo, la sentencia resulta inaceptable.

Cuando el Derecho Penal deja de castigar hechos concretos para inclinar el fiel de la balanza en contra del acusado por sus características personales, incluido el historial delictivo, abandona el modelo propio del sistema democrático para incurrir en un insostenible "Derecho Penal de autor", plasmado recientemente en las medidas antiterroristas adoptadas por Estados Unidos a raíz de los atentados del 11 de septiembre, de todos conocidas y contestadas con firmeza por el Tribunal Supremo de aquel país hace poco. Un viento autoritario que ha llegado a los países europeos, cuya fuerza doblega los límites democráticos y lleva a una vergonzosa justificación de la asfixiante y arbitraria intervención del Estado bajo la coartada de incrementar la seguridad del individuo.

Buen momento para recordar, una vez más, aquellas sabias palabras de Bertolt Brecht, cuando advertía al ciudadano que miraba para otro lado mientras la policía detenía arbitrariamente a otro ciudadano de que algún día quizá le detuvieran a él y entonces no habría nadie que protestara por la injusta detención. Ése es el riesgo que corremos todos cuando el aparato punitivo castiga a alguien sin fundamento, aunque el condenado sea un asesino reincidente.
Para leer los artículos escritos por De Juana Chaos al periódico Gara:
Artículo del 01.12.2004 titulado "El Escudo"
Artículo del 30.12.2004 titulado "Gallizo"

24.11.06

Destino de las explicaciones


Fotografía de Saturnino Espin "Conferencia Episcopal"
Texto de Julio Cortázar

En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural.

23.11.06

El club de las horas contadas

Foto de Melisa Mckolay "lundy22"
Poema de Mikel Erentxun


"Por primera vez en mi vida
sé adonde quiero llegar,
por primera vez en mi vida
elijo cuándo quiero llegar.
He cambiado mi pasado de plomo
por un futuro sin gravedad.
He dejado de llamarme "nosotros"
y tengo un nombre que es de verdad.
Dejo el club de las horas contadas
donde hace años que el tiempo se acaba.
La soledad es una ventana
que puedes abrir o puedes cerrar.
Nunca fui un rebelde sin causa
tuve causas hasta cansar,
así que no me arrepiento de nada
que otros lo hagan en mi lugar.
Dejo el club de las horas contadas,
dejo a todos los que me dejaron.
La soledad es una ventana paciente
que puedes abrir o puedes cerrar."

21.11.06

¿Qué pasaría si....

...interpretáramos las leyes del mismo modo que la industria audiovisual?


Tercera colaboración del abogado David Bravo en el programa de televisión Noche Sin Tregua

Para aquellos que no pudieron verlo en directo, en blogoff hacen un comentario sobre este tema y nos presentan el video de la última colaboración así como de las otras dos anteriores.

19.11.06

Tratando de escapar del día

Imagen "Shadow"
Poema de Eric Leunam



Es martes y no hace frío
estoy acompañado
por paredes carcomidas
que
simulan rostros

y por pisos de madera
y por el viento angustiado
que sopla afuera
y por el sonido del papel
como un leve grito

estamos expuestos al sol
y a la tristeza
y a la muerte

y
sólo tenemos
botellas vacías

y el mundo está sucio
y la ciudad
ha enloquecido

y no sabemos
si culpar
a el sol o a el mar

Llegamos demasiado
pronto a una edad
no conveniente

y la
poesia no tiene
nada que ver
con nosotros

Ojos encendidos
como brasas
manos asustadas
como peces

cuerpos clausarudos

Mientras hago
falsos mapas
de viaje

mis pies van
dibujando
lineas a través
del polvo

Y yo trato
de escapar
de la miseria
de este día...

16.11.06

Remedios la bella

Foto de Kharlamov Sergey "Barcelona"
Cuento de Gabriel García Márquez sacado del libro "Cien años de soledad"
Uno de los personajes más fascinantes de Macondo. Remedios es una mujer bellísima y extraña, elemental y pura, que vive como ajena a la vida ordinaria. Su belleza enciende el deseo de los hombres, pero aquellos que intentan consumarlo mueren de forma inesperada. Veamos el poético final de la historia de tan insólita mujer.
* * * * * * *
La suposición de que Remedios, la bella, poseía poderes de muerte, estaba entonces sustentada por cuatro hechos irrebatibles. Aunque algunos hombres ligeros de palabra se complacían en decir que bien valía sacrificar la vida por una noche de amor con tan conturbadora mujer, la verdad fue que ninguno hizo esfuerzos por conseguirlo. Tal vez, no sólo para rendirla sino también para conjurar sus peligros, habría bastado con un sentimiento tan primitivo, y simple como el amor, pero eso fue lo único que no se le ocurrió a nadie. Úrsula no volvió a ocuparse de ella. En otra época, cuando todavía no renunciaba al propósito de salvarla para el mundo, procuró que se interesara por los asuntos elementales de la casa. "Los hombres piden más de lo que tú crees", le decía enigmáticamente. "Hay mucho que cocinar, mucho que barrer, mucho que sufrir por pequeñeces, además de lo que crees." En el fondo se engañaba a sí misma tratando de adiestrarla para la felicidad doméstica,, porque estaba convencida de que, una vez satisfecha la pasión, no había un hombre sobre la tierra capaz de soportar así fuera por un día una negligencia que estaba más allá de toda comprensión. El nacimiento del último José Arcadio, y su inquebrantable voluntad de educarlo para Papa, terminaron por hacerla desistir de sus preocupaciones por la bisnieta. La abandonó a su suerte, confiando que tarde o temprano ocurriera un milagro, y que en este mundo donde había de todo hubiera también un hombre con suficiente cachaza para cargar con ella. Ya desde mucho antes, Amaranta había renunciado a toda tentativa de convertirla en una mujer útil. Desde las tardes olvidadas del costurero, cuando la sobrina apenas se interesaba por darle vuelta a la manivela de la máquina de coser, llegó a la conclusión simple de que era boba. "Vamos a tener que rifarte", le decía, perpleja ante su impermeabilidad a la palabra de los hombres. Más tarde, cuando Úrsula se empeñó en que Remedios, la bella, asistiera a misa con la cara cubierta con una mantilla, Amaranta pensó que aquel recurso misterioso resultaría tan provocador, que muy pronto habría un hombre lo bastante intrigado como para buscar con paciencia el punto débil de su corazón. Pero cuando vio la forma insensata en que despreció a un pretendiente que por muchos motivos era más apetecible que un príncipe, renunció a toda esperanza. Fernanda no hizo siquiera la tentativa de comprenderla. Cuando vio a Remedios, la bella, vestida de reina en el carnaval sangriento, pensó que era una criatura extraordinaria. Pero cuando la vio comiendo con las manos, incapaz de dar una respuesta que no fuera un prodigio de simplicidad, lo único que lamentó fue que los bobos de familia tuvieran una vida tan larga. A pesar de que el coronel Aureliano Buendía seguía creyendo y repitiendo que Remedios, la bella, era en realidad el ser más lúcido que había conocido jamás, y que lo demostraba a cada momento con su asombrosa habilidad para burlarse de todos, la abandonaron a la buena de Dios. Remedios, la bella, se quedó vagando por el desierto de la soledad, sin cruces a cuestas, madurándose en sus sueños sin pesadillas, en sus baños interminables, en sus comidas sin horarios, en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, hasta una tarde de marzo en que Fernanda quiso doblar en el jardín sus sábanas de bramante, y pidió ayuda a las mujeres de la casa. Apenas había empezado, cuando Amaranta advirtió que Remedios, la bella, estaba transparentada por una palidez intensa.

-¿Te sientes mal? -le preguntó.

Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.

-Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor.

Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerones y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

15.11.06

Indiferencia

Viñeta de Forges en El País - 15-11-2006


Aun hay fuerza y por consiguiente esperanza donde se ven arranques violentos, pero cuando se apaga todo movimiento, cuando no hay pulso, cuando el frió ha llegado al corazón ¿Qué esperar entonces, sino una próxima e inevitable disolución?. Lamennais

14.11.06

115 mentiras sobre los atentados del 11 septiembre

Foto de Chee Hong Peow. "Bad idea"
Texto por por David Ray Griffin*


Análisis del informe de la «comisión investigadora» presidencial


Sigue sin haber una versión oficial sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. No se ha abierto investigación judicial alguna sobre los propios atentados ni la menor investigación parlamentaria. No hay más que una versión gubernamental recogida en un informe presentado por una comisión presidencial. El profesor David Ray Griffin, autor de una obra de referencia en la que estudia ese informe, encontró en ese texto 115 mentiras aquí enumeradas.


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Para cada mentira nos referiremos a los análisis que hace el profesor David Ray Griffin en su obra Omisiones y manipulaciones de la Comisión Investigadora. Las cifras que aparecen entre paréntesis se refieren a las páginas de la edición original estadounidense de ese libro.

1. Omisión de la prueba de que por lo menos 6 de los supuestos secuestradores aéreos (entre ellos Waled al-Shehri, acusado por la Comisión de haber apuñaleado a una azafata del vuelo UA11 antes del choque del avión contra la torre norte del World Trade Center) están vivos actualmente (19-20).

2. Omisión de pruebas sobre Mohamed Atta (como su pronunciada inclinación por la bebida, por la carne de puerco y las exhibiciones eróticas privadas o lap dances) que contradicen las afirmaciones de la Comisión de que Atta se había convertido en un fanático religioso (20-21).

3. Confusión voluntariamente creada alrededor de las pruebas que demuestran que Hani Hanjur era tan mal piloto que nunca hubiera sido capaz de lograr estrellar un avión de pasajeros contra el Pentágono (21-22).

4. Omisión del hecho que las listas de pasajeros (flight manifests) que se hicieron públicas no contenían ningún nombre árabe (23).

5. Omisión del hecho que nunca, ni antes ni después del 11 de septiembre, se ha visto que un incendio haya provocado el desplome total de un edificio con estructura de acero (25).

6. Omisión del hecho que los incendios de las Torres Gemelas no fueron ni extremadamente extensos ni especialmente intensos y que ni siquiera duraron mucho tiempo comparados con otros incendios ocurridos en rascacielos (con estructuras) similares sin que estos últimos se desplomaran (25-26).

7. Omisión del hecho que, dada la hipótesis que el incendio provocó los derrumbes, la torre sur, que fue golpeada después que la torre norte y afectada por un incendio de menor intensidad, no debería haber sido la primera en desplomarse (26).

8. Omisión del hecho que el edificio n°7 del World Trade Center (contra el cual no se estrelló ningún avión y que sólo sufrió pequeños incendios muy localizados) también se desplomó, hecho sobre el cual la Agencia Federal para el Manejo de Situaciones de Emergencia (FEMA) confesó que no podía ofrecer ninguna explicación (26).

9. Omisión del hecho que el derrumbe de las Torres Gemelas (y el del edificio n°7) presenta al menos 10 características de haber sido producto de una demolición controlada (26-27).

10. Afirmación según la cual el núcleo de la estructura de cada una de las Torres Gemelas era «un pozo de acero vacío», afirmación que niega la presencia de 47 columnas de acero macizo que eran en realidad el centro de cada torre. Según la teoría del «apilamiento de pisos» (the «pancake theory») que explica los derrumbes, varias decenas de metros de esas columnas de acero macizo debieran haber quedado en pie (27-28).

El resto de las mentiras.. voltaire.net




*David Ray Griffin
Ancien professeur de logique et de théologie à l’université de Claremont
Los artículos de este autor

El autostopista

Foto de Chee Hong Peow ( CHiPs )
Relato de Germán Santacana López . "El autostopista".

Cada vez estoy mas lejos de mí. Cada vez me acuerdo menos del pasado, de quien fui, o era, que todavía soy, pero menos. El camino es lento, y duro, y sinuoso. Pero sigo firme. Adelante. Ya no me río de lo mismo. Ni con la misma gente. Ya no disfruto de su compañía. Y les veo de manera diferente. Hay algo que ha cambiado en sus rostros, o algo ha cambiado en mi manera de ver las cosas. Escucho las mismas canciones, pero me dicen cosas diferentes aun conservar las mismas letras. O yo las interpreto de manera diferente. Las cosas que eran fundamentales ahora ya no lo son tanto. Lo que era trivial ahora cobra sentido. Lo que era inexplicable ya no lo es tanto, y su esclarecimiento se ve venir entre la neblina del miedo y la inseguridad. Mejor verlo venir poco a poco, para no colapsarnos, para no perdernos entre dudas y temores. Temor a la verdad, pura y dura... si es que existe, si es que somos capaces de soportarla... Y así estoy, luchando poco a poco contra lo que creía conocer, lo que creía saber... para descubrir quien soy, que quiero y adonde quiero ir. Y mientras pienso todo esto voy circulando con mi vehículo por la autopista, viendo pasar letreros anunciando salidas a destinos inciertos y desconocidos. Empiezo a ver una silueta en el arcen a lo lejos. Justo antes de tomar una salida. Es un autostopista. Sujeta un letrero donde pone: “A cualquier parte”. Levanto el pie del acelerador. Me acerco. Lo observo. Lo miro. Al verle el rostro de cerca me resulta familiar. Lo comparo con el que me observa desde el espejo retrovisor del coche y, sin pensarlo, mi pie pisa el acelerador y salgo de ahí volando, sin atreverme a mirar hacia atrás.

Relato ganador del III Premio Nacional de microrelatos El Basar - octubre 2006.

12.11.06

Cuando estés vieja

Imagen de Emrah Icten "Gran Dama"
Poema de William Butler Yeats (Irlanda 1865 - 1939)


Cuando estés vieja y gris y soñolienta
y cabeceando ante la chimenea, toma este libro,
léelo lentamente y sueña con la suave mirada
y las sombras profundas que antes tenían tus ojos.

Cuántos amaron tus momentos de alegre gracia
y con falso amor o de verdad amaron tu belleza,
pero sólo un hombre amó en ti tu alma peregrina
y amó los sufrimientos de tu cambiante cara.

E inclinada ante las relumbrantes brasas
murmulla, un poco triste, cómo escapó el amor
y anduvo en las cimas de las altas montañas
y entre un montón de estrellas ocultó su rostro.
Versión de Nicolás Suescún

11.11.06

Bush y los mexicanos: agujeros en el muro

Burlas en Internet a la valla entre EEUU y México

Agujeros en el muro de Bush

La ineficacia de la valla es la protagonista de uno de los vídeos que más éxito está teniendo estos días en Youtube. Se trata de un montaje humorístico en el que, mientras Bush alaba en una entrevista las bondades tecnológicas del muro, a su espalda queda en evidencia que frente a la inmigración ilegal hay que aportar algo más que vallas y policías. El Pural.

El imperio de la vergüenza

Imagen: Portada del libro "El imperio de la vergüenza" de Jean Ziegler
Editado por Editorial Taurus, Madrid 2006


Resúmen del Libro:

Desde el 11 de septiembre estamos viviendo un retorno a la feudalización que ha proporcionado a las grandes multinacionales más poder que el que históricamente han tenido emperadores, reyes y papas. Los nuevos déspotas expolian sistemáticamente a los pueblos menos desarrollados y se apoderan en exclusiva de los recursos necesarios para el bienestar de la humanidad. Para lograr imponer este régimen de sumisión de los pueblos a los intereses de las grandes compañías privadas, existen dos armas que los nuevos señores feudales saben utilizar admirablemente: la deuda y el hambre. ¿Quiénes son estos cosmócratas que privatizan hasta el agua? En este libro revelador se rastrean sus métodos más sutiles, como patentar seres vivos, o imponer por la fuerza los cultivos transgénicos. Además, esta formidable maquinaria, diseñada para someter, maltratar y difamar a la ONU y a su secretario general, y ya no acepta ninguna de las limitaciones del derecho internacional, que se encuentra en estado agónico. Los señores de la guerra económica, no contentos con saquear el planeta, atacan a los Estados, cuestionan la soberanía popular, subvierten la democracia y destruyen las libertades de los hombres.
En todo el planeta se ha instalado sutilmente un imperio de la vergüenza y Jean Ziegler, que da muestras de un excepcional conocimiento del terreno que pisa, hace un llamamiento sin reservas contra éste. En la vergüenza se basó precisamente el impulso revolucionario de finales del siglo XVIII y, ahora, vuelve a haber una revolución en marcha: la insurrección de las conciencias, la insurrección del hambre.



* * * * * * * *



Reseña de Juan Torres López:

"El imperio de la vergüenza" es el último libro (que yo sepa) de Jean Ziegler, un profesor suizo al que admiro y que en los últimos años trabaja como relator de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación.

Ziegler nos demuestra y denuncia en este libro lo que viene ocurriendo en el mundo en que vivimos: “Los señores de la guerra económica han saqueado el planeta. Atacan a los estados y su poder normativo, cuestionan la soberanía popular, subvierten la democracia, saquean la naturaleza y destruyen a los hombres y sus libertades. Cuestionan radicalmente el derecho del hombre a buscar la felicidad. Ningún contrapoder constituido –ni estatal, ni sindical- está en condiciones de cuestionar su poder absoluto. En las calles de Nueva Delhi, miles de mujeres y niños, ciegos a causa de la nube de Bhopal, viven de la mendicidad. Mientras tanto, los señores de Dow Chemical viven parapetados en su rascacielos de Midland, en Michigan” (p. 271). Y recuerda entonces las palabras de Saint-Just: “Entre el pueblo y sus enemigos no hay nada en común, sólo la espada” (p. 272).
El libro más que un ensayo a base de reflexiones es una suma de experiencias que llevan necesariamente a la reflexión y que incitan, además, a la acción: ¿cómo quedarse quietos ante un mundo como este, cómo dejar de movilizarnos ante la crueldad de los poderosos, aunque sólo sea para levantar nuestro dedo acusador, cómo permanecer impasibles ante el crimen organizado del mercado y del dinero (del “dinero que mata” como recuerda siempre Jean Ziegler)?
En sus veintiún capítulos divididos en cinco partes y un epílogo, Ziegler narra sus experiencias personales como relator de las Naciones Unidas, sus encuentros con los poderosos funcionarios y con la miseria de medio mundo. Muestra la verdadera cara de la violencia, la estructural que mata a millones de seres sin miramiento y explica por qué la deuda externa y el hambre son las auténticas armas de destrucción masiva: ”No hacen falta ametralladoras, napalm, carros blindados para dominar y someter a los pueblos. Para eso, ya está la deuda” (p. 71).
En otros capítulos explica las razones auténticas de la miseria y el hambre en Etiopía, hace reflexiones interesantes sobre la experiencia de Lula en el gobierno, que no en el poder, y en la última parte descubre la verdadera cara de los “nuevos déspotas” (p. 259), arrogantes e impunes ante la muerte que se genera donde imponen su dominación, en todas partes.
El libro termina con un augurio radical, como radical ha de ser por necesidad cualquier atisbo de pensamiento comprometido en la situación en la que hoy día nos encontramos: "no soy un líder sindical -dice Ziegler-, ni el jefe de un movimiento de liberación, sino un intelectual con medios de influencia limitados. Mi libro plantea un diagnóstico. La destrucción del orden caníbal del mundo es el trabajo de los pueblos. Tiene que entablarse una guerra por la justicia social del planeta" (p. 274).
Un libro que hay que leer y que vale la pena difundir.



10.11.06

Con los ojos abiertos

Fotografía de Vivian Bibliowicz "Historias de V"
Una Historia de Jesús Gómez Gutiérrez. La Insignia. Madrid, noviembre del 2006.



Más tarde o más temprano, todos perdemos. Lo sabe ella, pantalones blancos, abrigo blanco, botas blancas, pelo rubio, saliendo de la boca del Metro en febrero, a las doce y cuarto de la noche; lo sabe él, pantalones negros, abrigo negro, botas negras, pelo negro, aunque no es precisamente lo que piensa al verla subir los escalones. Y se encuentran arriba, opuestos entre sí y cambiados, porque la escena, que es así, blanco contra negro, sin metáfora, está tan trastocada como los personajes. Ángel o demonio. Arriba o abajo. Buen espectáculo para los escasos espectadores de esas horas, algunos de los cuales reconocen lo excepcional.
Hay dos formas de llegar a ese instante; una es retroceder en los años, hablar de lo que fue y de lo que no pudo ser; otra es avanzar en los años, verlos tal día como hoy de un tiempo por venir, en el mismo sitio, porque se invocan, se aparecen el uno al otro entre los árboles del Retiro, particularmente en noches de verano, y luego pasan los meses y dudan y al final suena el teléfono y es febrero y se encuentran en esa boca porque siempre, y esto no es menos llamativo, es punto intermedio entre sus territorios. De las dos formas, el azar elige la segunda; ya conoce su pasado, está al tanto del fondo de los ojos azul pálido y de los ojos entre marrones y verdes, los de ella y los de él por ese orden, coincidentes, en formas de luz y de luz por ese orden y de reir a carcajadas ambos.

Febrero, doce y diez de la noche. Él espera, arriba, desde hace unos minutos; tiene la costumbre de llegar antes, aunque es improbable que la cita se adelante a la hora. Piensa en lo que pensaba la última vez y la anterior y la anterior de la anterior, desde que alcanzó el final de la mujer que todavía no ha llegado a la estación, miró a su alrededor, retrocedió sobre sus pasos y no encontró nada que no estuviera, como advertencia y como declaración de principios, en un detalle ya comprobado, pensado, analizado, desmontado y vuelto a montar en el primer mes. Cuando se despiden, ella no mira atrás; de ninguna manera, en ninguna circunstancia, ni siquiera un leve giro de cabeza y una mirada oblícua. Nunca lo hace.

Es su clave; como el regreso es clave de él. No mira hacia atrás por fuera, pero sí por dentro, y no es ruego ni insinuación ni gesto de dominio, no espera que la siga, no es el látigo de una pose, no un juego que ya habría sido excesivo en el entonces de sus dieciocho, veinte años; y con razón de más, de los veinticinco o veintisiete, y de los treinta o treinta y dos y de los cuarenta y después. Es un adiós que contradice sus actos, sus palabras y el lenguaje de su cuerpo. Una masa de hielo que aparece, repentina, en mitad del calor, y se impone de forma sistemática con un punto final hasta el siguiente contacto. Un adiós cruel, si hubiera crueldad en ella. Un adiós desquiciado, si estuviera loca.

Todo en ella está explicado en los segundos anteriores y posteriores a la despedida. Beso, largo, con los ojos abiertos, como él. Giro y descenso por el mismo tramo y a veces por una calle lateral. Cuando se pierde en la distancia, se cierra el ciclo; no hay llamada al día siguiente, no se buscan, vuelven a pasar los días y los meses y hay momentos en los que casi podrían creer que ha sido un sueño, o una pesadilla, depende de si cuentan miradas, palabras, piel o descuentan la redención de la entrega, por insuficiente, por imposible, porque ella nunca se ha atrevido a alejarse totalmente de esa escalera y él, que bajaría a buscarla, que no lo dudaría, no tiene más opción que aceptar sus condiciones.

A las doce y catorce minutos, se apea del vagón. Es casi la hora. Y arriba, ya en la ráfaga de aire caliente que el desplazamiento del tren fuerza, que corre por los túneles más rápido que ella y la precede, él se pregunta de nuevo si no debería marcharse, ahora, mientras pueda, ser por una vez quien se aleja y quien mata. Si hubiera crueldad en ella, si estuviera loca; pero no la hay y no lo está

9.11.06

Absurdos del copyright

Una escena de la película "Una noche en Casablanca"


A propósito del rodaje de UNA NOCHE EN CASABLANCA hay una anécdota muy curiosa que se produjo cuando la Warner se enteró del rodaje de la misma. Amenazaron con demandar a los Marx por poner un titulo tan parecido al original (CASABLANCA rodada 5 años antes para la Warner).

Esta carta se la escribió Groucho Marx a la Warner.

(Textos citados de Groucho y Yo, de Groucho Marx. Edición Tusquets)

"Queridos Warners:

Aparentemente, hay más de una manera de conquistar una ciudad y de conservarla en propiedad. Por ejemplo, hasta el momento en que nos dispusimos a hacer esta película, no tenía ni idea de que la ciudad de Casablanca perteneciese en exclusiva a los hermanos Warner. Sin embargo, sólo pocos días después de hacer público nuestro proyecto, hemos recibido vuestro largo y amenazador documento legal, advirtiéndonos que no usemos el nombre de Casablanca. Por lo visto, en 1471, Ferdinand Balboa Warner, vuestro tatarabuelo, mientras buscaba un atajo para ir a Burbank, fue a parar a las costas de África y, alzando su bastón de alpinista (que más tarde trocó por cien acciones de la compañía), las llamó Casablanca.

No acabo de comprender vuestra actitud. Incluso aunque proyectéis reestrenar vuestra película, estoy seguro de que el espectador vulgar tendrá tiempo suficiente para aprender a distinguir a Ingrid Bergman de Harpo. Yo no sé si podría, pero desde luego me gustaría intentarlo.

Afirmáis que poseéis Casablanca y que nadie más puede utilizar ese nombre sin vuestro permiso. ¿Qué me decís también de "Hermanos Warner"?. ¿ También lo tenéis en exclusiva?. Probablemente, tenéis derecho a utilizar el nombre de Warner, pero, ¿y el de Hermanos?. Profesionalmente, nosotros éramos Hermanos mucho antes que vosotros. Realizábamos giras como Los Hermanos Marx cuando la Vitaphone no era más que un sueño en la mente del inventor, e incluso antes que nosotros ha habido otros Hermanos: los Hermanos Smith; los Hermanos Karamazov; y el "Hermano, ¿puede darme una perra gorda?". Originalmente se decía: "Hermanos, ¿pueden darme una perra gorda?", pero esto representaba repartir demasiado una perra gorda, de modo que prescindieron de un hermano, dieron todo el dinero al otro y lo redujeron a "Hermano, ¿puede darme una perra gorda?"...

6.11.06

Libertad vs. seguridad



Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad." Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense.

4.11.06

Bienvenido a mi canción

Grupo: La fuga
Album: Calles de papel
Canción: Mi canción



Bienvenido a mi canción
De las noches sin dormir,
De los tragos sin calor,
De los labios que quieren compartir
El frío que sobra en el colchón,
El tiempo que pasa porque sí.


Bienvenido a mi canción
De una habitación de hotel,
De domingos sin corazón,
De promesas al amanecer
Que se olvidan antes de decir,
Que me ahogan cuando tengo sed.


De noche, cantando por la ciudad.
De día buscando, dónde estarás.


Despacito me levanto
Y me arrastro hasta el salón.
Mucho frío, desencanto
Y comienza esta canción


Y me va matando el sol.
Y me va matando el sol.
Y me va matando el sol.

Cuatro frases que hacen crecer la nariz de Pinocho

Foto de Nana Sousa Días "Volume I, II and III"
Cuento de Eduardo Galeano "Cuatro frases que hacen crecer la nariz de Pinocho"


1 Somos todos culpables de la ruina del planeta
La salud del mundo está hecha un asco. 'Somos todos responsables', claman las voces de la alarma universal, y la generalización absuelve: si somos todos responsables, nadie lo es. Como conejos se reproducen los nuevos tecnócratas del medio ambiente. Es la tasa de natalidad más alta del mundo: los expertos generan expertos y más expertos que se ocupan de envolver el tema en el papel celofán de la ambigüedad. Ellos fabrican el brumoso lenguaje de las exhortaciones al 'sacrificio de todos' en las declaraciones de los gobiernos y en los solemnes acuerdos internacionales que nadie cumple. Estas cataratas de palabras -inundación que amenaza convertirse en una catástrofe ecológica comparable al agujero del ozono- no se desencadenan gratuitamente. El lenguaje oficial ahoga la realidad para otorgar impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo en nombre del desarrollo y a las grandes empresas que le sacan el jugo. Pero las estadísticas confiesan. Los datos ocultos bajo el palabrerío revelan que el 20 por ciento de la humanidad comete el 80 por ciento de las agresiones contra la naturaleza, crimen que los asesinos llaman suicidio y es la humanidad entera quien paga las consecuencias de la degradación de la tierra, la intoxicación del aire, el envenenamiento del agua, el enloquecimiento del clima y la dilapidación de los recursos naturales no renovables. La señora Harlem Bruntland, quien encabeza el gobierno de Noruega, comprobó recientemente que si los 7 mil millones de pobladores del planeta consumieran lo mismo que los países desarrollados de Occidente, "harían falta 10 planetas como el nuestro para satisfacer todas sus necesidades". Una experiencia imposible. Pero los gobernantes de los países del Sur que prometen el ingreso al Primer Mundo, mágico pasaporte que nos hará a todos ricos y felices, no sólo deberían ser procesados por estafa. No sólo nos están tomando el pelo, no: además, esos gobernantes están cometiendo el delito de apología del crimen. Porque este sistema de vida que se ofrece como paraíso, fundado en la explotación del prójimo y en la aniquilación de la naturaleza, es el que nos está enfermando el cuerpo, nos está envenenando el alma y nos está dejando sin mundo.

2 Es verde lo que se pinta de verde
Ahora, los gigantes de la industria química hace su publicidad en color verde, y el Banco Mundial lava su imagen repitiendo la palabra ecología en cada página de sus informes y tiñendo de verde sus préstamos. "En las condiciones de nuestros préstamos hay normas ambientales estrictas", aclara el presidente de la suprema banquería del mundo. Somos todos ecologistas, hasta que alguna medida concreta limita la libertad de contaminación. Cuando se aprobó en el Parlamento del Uruguay una tímida ley de defensa del medio ambiente, las empresas que echan veneno al aire y pudren las aguas se sacaron súbitamente la recién comprada careta verde y gritaron su verdad en términos que podrían ser resumidos así: "los defensores de la naturaleza son abogados de la pobreza, dedicados a sabotear el desarrollo económico y a espantar la inversión extranjera". El Banco Mundial, en cambio, es el principal promotor de la riqueza, el desarrollo y la inversión extranjera. Quizás por reunir tantas virtudes, el Banco manejará, junto a la ONU, el recién creado Fondo para el Medio Ambiente Mundial. Este impuesto a la mala conciencia dispondrá de poco dinero, 100 veces menos de lo que habían pedido los ecologistas, para financiar proyectos que no destruyan la naturaleza. Intención irreprochable, conclusión inevitable: si esos proyectos requieren un fondo especial, el Banco Mundial está admitiendo, de hecho, que todos sus demás proyectos hacen un flaco favor al medio ambiente. El Banco se llama Mundial, como el Fondo Monetario se llama Internacional, pero estos hermanos gemelos viven, cobran y deciden en Washington. Quien paga, manda, y la numerosa tecnocracia jamás escupe el plato donde come. Siendo, como es, el principal acreedor del llamado Tercer Mundo, el Banco Mundial gobierna a nuestros países cautivos que por servicio de deuda pagan a sus acreedores externos 250 mil dólares por minuto, y les impone su política económica en función del dinero que concede o promete. La divinización del mercado, que compra cada vez menos y paga cada vez peor, permite atiborrar de mágicas chucherías a las grandes ciudades del sur del mundo, drogadas por la religión del consumo, mientras los campos se agotan, se pudren las aguas que los alimentan y una costra seca cubre los desiertos que antes fueron bosques.

3 Entre el capital y el trabajo, la ecología es neutral
Se podrá decir cualquier cosa de Al Capone, pero él era un caballero: el bueno de Al siempre enviaba flores a los velorios de sus víctimas... Las empresas gigantes de la industria química, petrolera y automovilística pagaron buena parte de los gastos de la Eco 92. La conferencia internacional que en Río de Janeiro se ocupó de la agonía del planeta. Y esa conferencia, llamada Cumbre de la Tierra, no condenó a las transnacionales que producen contaminación y viven de ella, y ni siquiera pronunció una palabra contra la ilimitada libertad de comercio que hace posible la venta de veneno. En el gran baile de máscaras del fin de milenio, hasta la industria química se viste de verde. La angustia ecológica perturba el sueño de los mayores laboratorios del mundo, que para ayudar a la naturaleza están inventando nuevos cultivos biotecnológicos. Pero estos desvelos científicos no se proponen encontrar plantas más resistentes a las plagas sin ayuda química, sino que buscan nuevas plantas capaces de resistir los plaguicidas y herbicidas que esos mismos laboratorios producen. De las 10 empresas productoras de semillas más grandes del mundo, seis fabrican pesticidas (Sandoz, Ciba-Geigy, Dekalb, Pfiezer, Upjohn, Shell, ICI). La industria química no tiene tendencias masoquistas. La recuperación del planeta o lo que nos quede de él implica la denuncia de la impunidad del dinero y la libertad humana. La ecología neutral, que más bien se parece a la jardinería, se hace cómplice de la injusticia de un mundo donde la comida sana, el agua limpia, el aire puro y el silencio no son derechos de todos sino privilegios de los pocos que pueden pagarlos. Chico Mendes, obrero del caucho, cayó asesinado a fines del 1988, en la Amazonía brasileña, por creer lo que creía: que la militancia ecológica no puede divorciarse de la lucha social. Chico creía que la floresta amazónica no será salvada mientras no se haga la reforma agraria en Brasil. Cinco años después del crimen, los obispos brasileños denunciaron que más de 100 trabajadores rurales mueren asesinados cada año en la lucha por la tierra, y calcularon que cuatro millones de campesinos sin trabajo van a las ciudades desde las plantaciones del interior.Adaptando las cifras de cada país, la declaración de los obispos retrata a toda América Latina. Las grandes ciudades latinoamericanas, hinchadas a reventar por la incesante invasión de exiliados del campo, son una catástrofe ecológica: una catástrofe que no se puede entender ni cambiar dentro de los límites de la ecología, sorda ante el clamor social y ciega ante el compromiso político.

4 La naturaleza está fuera de nosotros
En sus 10 mandamientos, Dios olvidó mencionar a la naturaleza. Entre las órdenes que nos envió desde el monte Sinaí, el Señor hubiera podido agregar, pongamos por caso: "Honrarás a la naturaleza de la que formas parte". Pero no se le ocurrió. Hace cinco siglos, cuando América fue apresada por el mercado mundial, la civilización invasora confundió a la ecología con la idolatría. La comunión con la naturaleza era pecado. Y merecía castigo. Según las crónicas de la Conquista., los indios nómadas que usaban cortezas para vestirse jamás desollaban el tronco entero, para no aniquilar el árbol, y los indios sedentarios plantaban cultivos diversos y con períodos de descanso, para no cansar a la tierra. La civilización que venía a imponer los devastadores monocultivos de exportación no podía entender a las culturas integradas a la naturaleza, y las confundió con la vocación demoníaca o la ignorancia. Para la civilización que dice ser occidental y cristiana, la naturaleza era una bestia feroz que había que domar y castigar para que funcionara como una máquina, puesta a nuestro servicio desde siempre y para siempre. La naturaleza, que era eterna, nos debía esclavitud. Muy recientemente nos hemos enterado de que la naturaleza se cansa, como nosotros, sus hijos, y hemos sabido que, como nosotros, puede morir asesinada. Ya no se habla de someter a la naturaleza, ahora hasta sus verdugos dicen que hay que protegerla. Pero en uno u otro caso, naturaleza sometida y naturaleza protegida, ella está fuera de nosotros. La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo.

3.11.06

El periodico

….el periódico que yo leo…

Mientras caminaba hacia el kiosco de revistas aquella mañana y recorría esta calle nuestra de cada día, durante ese pequeño paseo, un mundo a cámara rápida le asaltaba. El paisaje, cada día más hostil. Ruidos. Ruido de gente con prisa, coches, humo, autobuses que paran y arrancan, gente aprisionada contra los cristales, contra los horarios, bocinazos, más prisas, y todos corriendo en zigzag, sin rumbo. Disfrazados, no vestidos.

El camino ya lo conoce desde el mismo día de su jubilación, salir del portal, recorrer su manzana, esperar al semáforo y cruzar la calle. En días de lluvia como aquél, los huesos le advertían, le recordaban aquella maldita lesión en la cadera. En aquellos días había demasiado trabajo, ni siquiera pensó en cogerse la baja. No, no le daría al cuerpo la concesión de un bastón. El camino anterior, el que ya caducó, aquel todavía más monótono recorrido hasta llegar a la taquilla con el mono de trabajo azul, la brisa del tiempo lo irá desgastando en un lento proceso de erosión, que durará más que su propia vida. Cambio de unas costumbres por otras, obligadas unas, resignadas todas.

Seguía usando el despertador, pues tenía la certeza de que al cuerpo no hay que dejarlo libre o acabaría siendo dominado por aquél acompañante que iba, poco a poco, apagándose y acabando con él. Después de levantarse y de ducharse metódica y escrupulosamente, se vestía empleando el tiempo que nunca tuvo durante los cuarenta y siete años que estuvo trabajando en la fábrica. Lo hacía ceremoniosamente, y siempre en función de la meteorología y expresando su cambiante estado de ánimo. Al llegar a la cocina, donde él mismo había preparado la mesa el día anterior, sólo tenía que calentarse el café para acceder al desayuno preparado y tranquilo que la vida y los horarios le habían robado durante tantos años. Allí, mientras se calentaba el café, escuchaba las unas noticias que cada vez estaban más lejos de su propia realidad.

A las nueve, mientras tomaba el café, sonaba la primera sirena. Sonaba todos los días, a las horas de entrada y salida de los turnos de su antigua fábrica. Incluso ahora, que después de tantos años la competencia feroz de la modernidad y del progreso la habían cerrado y derribado, la sirena seguía viva dentro de él, marcando unos turnos que sólo existían en su imaginación. Y, aunque el sonido duraba sólo unos segundos, tenía la precaución de que nunca lo cogiera desprevenido. Incluso se despertaba antés de sonrara la primera sirena para evitar el estupor que le causaba oírla en sueños. Sin embargo, lo que comenzó siendo algo insoportable, se fue instalando de nuevo en su vida como una alarma que llegaba incluso a utilizar para orientarse dentro de los días más monótonos.

Después de comprar el periódico, uno de los pocos lujos que se permitía, se instalaba en uno de los bancos de un parque próximo a su casa y lo leía completamente, por capas. Primero, de atrás a adelante, pasando todas las páginas de manera rápida y leyendo lo que más le atraía. La segunda lectura, la hacía en un escrupuloso orden de páginas, y dentro de cada una, de izquierda a derecha. Lo leía completamente, aunque evitaba la lectura de ese calendario maldito y repentino que son las esquelas.

Siempre compraba el mismo periódico, como tantos, aunque comprar un folletín de izquierdas como lo llamaban sus hijos, era un modo de agarrarse a un mundo que ya no existía, el mismo donde habitaban su mono azul y su sirena. Cada día, después del café, caminaba hacia el kiosco y compraba el único ejemplar de un periódico que por un favor personal traía el repartidor, para que él siguiera un día más leyendo las mismas noticias, desde la misma esquina desde donde las había leído toda su vida, utilizando una lente que ya no se fabricaba.

Aquél día, sin embargo, la noticia era el propio periódico. En una breve nota de la primera página se anunciaba el cierra del mismo por falta de fondos, de apoyo. Se anunciaba el final de una historia de cuarenta y cinco años que había comenzado en la clandestinidad, había visto nacer ilusiones y las había visto disolverse en los mares del tiempo y de las grandes multinacionales.
CIERRE DEL MOVIMIENTO OBRERO
Estimados lectores: sentimos tener que anunciar que el próximo día 1 de mayo será el último día en que nuestro periódico salga a la calle. Ha sido un largo camino el que hemos recorrido juntos y no dudamos que el periodo de falta de libertades y humanidad será superado y volveremos a encontrarnos.

La dirección

En páginas interiores se explicaba como el número de lectores a lo largo de los últimos años se había desplomado, no por desencanto de los lectores, sino por el goteo de la muerte sobre una generación que no había podido transmitir la importancia de lo conseguido, no a sus hijos, sino a sus nietos. Por lo que decía la noticia, la tirada había descendido hasta hacer, como tantas cosas, que los gastos superaran a los ingresos, causa mayor, causa suficiente pero no necesaria para hacer inviable cualquier tipo de proyecto. Sin embargo se denunciaba el recorte, drástico, de las subvenciones públicas a publicaciones como aquella, recorte que, según afirmaba el periódico, no se debía a una falta de fondos del ministerio sino a un cambio de estrategia del ministerio. El artículo, que continuaba con un largo discurso en el que se decía lo que se necesita leer en estos casos, finalizaba con una sentencia:
nos estamos quedando solos.
Jesurra

1.11.06

Situación límite


Año 1978 - La Banda: Dire Straits - La canción: Sultans of Swing

The Final Countdown


Año 1987. Un grupo: Europe. Una canción: The Final Countdow

Señores de la SGAE: he dejado a un amigo un libro...

Fotografía de Lyubomir Bukov "cup of cofe"

Cada vez es más difícil no quebrantar la ley. Ayer dejé otra vez un libro a un amigo. Se que no tiene dinero para comprar libros pero aún así se lo dejé. Lo leerá, disfrutará de él y como siempre... no lo comprará y yo seré culpable.

También soy culpable de compartir mi música con los amigos. Soy culpable de disfrutar de los juegos que me compro y cuando me los paso, prestarlos. Jugarán con ellos, se los pasarán y no los comprarán. Y las películas.. y la música.... Esta primavera compré mi último CD de música y no paré de escucharlo en todo el verano, el mejor CD que me he comprado. Se lo dejaré a un compañero y él lo escuchará muchas veces también pero no lo comprará: no es su grupo favorito. Por otro lado, una amiga me prestó una película que me gustó mucho y no pagué nada por verla, y no voy a comprarme el DVD porque no me gustó tanto.

Tengo que quitarme esa fea costumbre de prestar las cosas...

"Mientras espero que lleguen ustedes con la policía a mi casa, termino de leer "Copia este libro" de David Bravo y fijénse que cuanto más lo leo más ganas me dan de comprarlo."