24.6.07

Los Mindunguis del Barça y Nelson Mandela

Hay quince jugadores del Barça que son tan pobres que sólo tienen mucho dinero. Por no tener, no tienen sentido de las proporciones, civismo, educación, ni tampoco las más mínimas nociones de la historia reciente. De esta cofradía se salvan Belleti, Gio, Iniesta, Oleguer y Thuran. Que fueron los únicos que acudieron a la recepción que ofreció el Presidente Mandela al club. El resto de la expedición creyó más conveniente visitar los grandes almacenes, chapotear en la piscina o quitarse las penas por los resultados de la liga.


Que los jugadores –excepto el quintento mencionado-- sean culturalmente unos mindunguis, no impide llamar la atención a los responsables de la expedición. Naturalmente, no se trata de obligar a nadie a asistir a una recepción. Pero, comoquiera que el Barça, se decía, “és més que un club”, alguien debería haber dicho a los jugadores que es de buenas maneras asistir a un encuentro al que previamente han sido invitados. Y, sobriamente, informar que Mandela fue el presidente de la República de Sudáfrica y Premio Nobel de la Paz. Por lo menos. Que fuera un luchador por la libertad y contra la esclavitud de su pueblo y que padeciera por ello largos años de prisión, se deja a la discreción informativa de los responsables del viaje. No sabemos si el atribulado Begiristain les dijo algo al respecto, aunque es de suponer que este caballero podría conocer el curriculum (o la parte más llamativa de la biografía) de Nelson Mandela. Por lo menos Samuel Eto’o –se supone con fundamento-- estaba al corriente, aunque también este joven tampoco acudió al convite. Y, dado que Ronaldinho es un fenómeno de la globalización, podría ser que también estuviera al corriente de las andanzas de Mandela, suficientemente conocidas en el mundo de la globalización: tampoco asistió el brasileño. Ni siquiera al capitán del equipo, Puyol, se le pasaron por las mientes dos cosas: una, que debía asistir al acto, y, dos, que era necesario que convenciera al resto de la plantilla de la conveniencia estética de saludar a Mandela. Pero tal vez sea pedirle peras al olmo: en repetidas ocasiones hemos visto al Puyol afirmar en las cámaras de televisión su actitud holgazana de no haber leído nunca libro alguno: ni siquiera la historia de su club. Tampoco las novelas del Oeste de don Marcial Lafuente Estefanía.


“Los quince de Ciudad del Cabo” han deslucido la ciudad de Barcelona y la imagen de Catalunya. En primer lugar, han puesto en entredicho la (tradicional) buena fama de cortesía cívica: si alguien te invita a tomar unos refresquitos, debes acudir. En segundo lugar, si quien te llama es un Premio Nobel –cierto, nadie es más que nadie pero en ese “nadie” hay algunas diferencias, se supone-- para tomar unas limonadas, deberías acudir, al menos para saber de qué pie calza este premio Nobel. Y, finalmente, aunque no sea para rodar un spot publicitario, debes acudir también, porque a un anciano no se le hacen estas guarradas. Argumentos que se dirigen también a los responsables del viaje. Como se verá, es perder el tiempo intentar argumentar a esta cuadrilla de zoquetes adinerados qué ha sido Mandela no sólo para su pueblo sino para toda la humanidad. Un paréntesis: ¿qué se hubiera dicho en Barcelona si ese gesto lo hubiera hecho el Real Madrid?


El comportamiento de “los quince de Ciudad de El Cabo” no es, sin embargo, el comportamiento de un grupo de quince mindunguis ricachones. Es parcialmente una expresión de determinadas formas de ser de no irrelevantes sectores de la sociedad. Pueden ser jóvenes, maduros o de edad provecta. Que se distinguen por su intencionada ignorancia –frecuentemente exaltada como forma de ser-- de las más elementales normas de civismo y educación. Que exhiben orgullosamente no haber leído jamás un libro. Que exaltan el sentido populachero de ser, a sabiendas y queriendas, unos zotes. Ocurre, sin embargo, que si tamaña ostentación es lucida por los ídolos de oro, la publicitación mediática –como efecto instantáneo mundial-- acaba siendo un punto de referencia general. Y lo más curioso del asunto es que no serán pocos los que digan: “¿Y qué? A esa gente se les ficha para que ganen los partidos, no para que vayan a reírle las gracias a Nelson Mandela que, al fin y al cabo, es un político?” Todo un razonamiento de gamberro sentido común, pero que –sin recurrir a la lógica formal-- alguien deberá acompañar de la siguiente manera: “Pues bien, esos quince han debilitado que el Barça sea algo “más que un club”. Lo que, sin duda, incomodará al pueblo culé que, mayoritariamente, tiene un sentido de la estética que nada tiene que ver con los quince mindunguis adinerados. El pueblo culé –lo manifieste o no-- es por lo general de otra pasta. Y, en buena medida, esta estética culé es la que fundamentalmente ha fomentado una particular manera de ser del FC Barcelona.


Así lo hizo el Barça en tiempos difíciles. Recordaré una anécdota que yo viví indirectamente. Cuando las detenciones de los miembros de l’ Assemblea de Catalunya en la Iglesia de Santa Maria Mitjancera (1971), el Barça –por medio de Johann Cruyff-- les envió a todos ellos un regalo: una bufanda con los colores del club. Me lo dijo, y lo sabíamos todos, el inolvidable jurista Josep Solé Barberá. Por cierto, en aquella época Nelson Mandela seguía en la cárcel. La segunda anécdota que deseo relatar es la siguiente: cuando la huelga general del 14 de diciembre famoso (1988), el `Lobo´ Carrasco estuvo en la cabeza de la gran manifestación en representación de los futbolistas del Barça que se habían solidarizado con los huelguistas. Y, punto final de estos sucedidos, algún día explicaré cosas de la amistad entre Pep Guardiola y el gran Miquel Martí i Pol.


En resumidas cuentas, estos pobres que sólo tienen mucho dinero han emborronado parcialmente la biografía de mucha gente. Un servidor abandona la simpatía al Barça hasta que dejen de jugar en el club todos los que se han comportado de una manera tan estúpidamente aberrante. A partir de ahora, mis adhesiones serán sólamente al Júpiter.


José Luis López Bulla
Metiendo Bulla. España, junio del 2007.

visto en La Insignia

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