4.11.07

Confesiones de un pirata

Fotografía de Eva Cuca "Chica de bella sonrisa y mirada profunda busca chico resulton" en Flickr
Artículo de David Bravo Bueno en Rebelión. Julio 2003


Sobre las demandas en España contra
los usuarios de P2P

En este mundo cuando los sueños dejan de ser sueños y se convierten en realidades siempre hay alguien que te pide peaje por tan ansiada transición. El sueño al que me refiero es la posibilidad de acceso ilimitado a la cultura que vemos en las clases altas y que la economía sistemáticamente nos prohibe.

Yo, lo confieso, en mi adolescencia tuve pensamientos impuros cada vez que pasaba por delante de un escaparate de El Corte Inglés y veía reluciente la última película de mi actor favorito o el último libro de Eduardo Galeano. Me imaginaba, lascivamente, con ese libro entre mis manos saboreándolo en las más insólitas posturas. Cuando entraba en la tienda y miraba el precio del libro me daba cuenta de que yo no necesitaba anuncios de televisión que me concienciaran de lo saludable que es para el alma la lectura, yo lo que necesitaba eran 2.500 pesetas. Si en aquellos tiempos me lo hubiesen dicho no lo habría creído. Ahora puedo no solo tener "El Libro de los Abrazos" en un santiamén sino que podría bajarme más de 50 mp3 con la voz del bueno de Eduardo leyéndolo para mí.

Yo no conocía a John Coltrane hasta que internet irrumpió en mi vida y tengo que reconocer que aunque siempre he sido aficionado al cine de terror no tenía ni idea de lo que éste era hasta que he accedido al cine asiático donde de verdad saben hacerlo. Noam Chomsky no me sonaba de nada hasta que vi un documental sobre él bajado de la red llamado "manufacturing consent". En resumen podría decirse que si todo este sueño no existiera yo ahora estaría cantando "papichulo" mientras veo "Salsa Rosa" y mi máximo líder intelectual sería Pocholo.

Lo mejor de todo es que la legislación está, con algunos matices importantes, de nuestra parte. El Código Penal en su artículo 270 solo considera delito las acciones de copia con ánimo de lucro (con excepción de los programas de ordenador) y la Ley de la Propiedad Intelectual permite, también con esta excepción, la copia para consumo privado en su art. 31.2. Nosotros, a pesar de que las empresas nos han colocado el simpático sobrenombre de "piratas" (que, la verdad sea dicha, viniendo de empresas nos resulta tan insultante como si Charles Manson nos llamara psicópatas), no tenemos ánimo de lucro y lo cierto es que con las últimas noticias aparecidas en todos los medios de comunicación, ya no tenemos ánimo de ninguna clase. [...]

Por supuesto no han sido pocos los avispados internautas que han detectado en esta acción un intento de amedrentarnos para que dejemos de hacer algo que, por el momento no es ilegal, pero, al mismo tiempo, se preguntan si este intento de crear un pánico que invite a la inactividad llevará a que rueden algunas cabezas como castigo ejemplar. En esta línea algunos sectores no tardan en señalarse con el dedo: "si yo en realidad no bajo tanto" "tú bajas más" "tu avaricia ha roto el saco" dicen algunos temerosos y es que hoy en día el papel de mártir no está muy solicitado. Sin embargo, la mayoría de los internautas, están demostrando una capacidad de cohesión y de solidaridad que ya era difícil ver en estos tiempos. Frases del tipo "si seguimos juntos no nos pasará nada" o "si alguien cae ahí estaremos todos" recorren orgullosas y combativas hasta el último rincón de la red. Esta guerra que las empresas pretenden comenzar con ayuda de sus portavoces, nuestros gobernantes, va a encontrarse con más de un contratiempo.

Estos golpes que siempre se autodenominan mortales no sirven más que para acelerar la evolución (en realidad revolución) de la red. Cuando consiguieron destruir a Napster no tardaron ni dos segundos en aparecer 30 programas con la misma finalidad y con infinitas mejoras. Si con Napster podíamos bajarnos nuestra música favorita en un tiempo relativamente aceptable, ahora, gracias a su muerte, sus herederos hacen que podamos bajarnos toda clase de material en tiempo record. ¿No creen que con la muerte por asfixia de Emule, Kazaa y Morpheus aparecerán otros que recojan el testigo y dejen a estos como reliquias del pasado? Nicholas Negroponte describe estos vanos intentos de las empresas y de la adaptación del derecho a sus intereses como "los espasmos de un pez moribundo en la cubierta de un barco"[...]

Dicen las discográficas que llevamos al traste a la economía de esos grupos que decimos admirar y que por nuestra culpa éstos ya no se ven motivados para seguir haciendo sus obras. Sentimos mucho que la motivación de nuestros admirados grupos provenga no de las musas a las que cantan sino de los dólares con los que las seducen. No sabíamos, perdónennos, que otro coche nuevo fuera la inspiración que llevó a Metallica a escribir la maravillosa Fade To Black.

No nos hagan creer que jugamos con el pan de nadie. Los grandes grupos multimillonarios protestan contra la piratería porque teniendo sus bolsillos llenos de dólares preferirían, ya puestos, que estos rebosaran. Los grupos pequeños (cuyos intereses si me merecen el mayor de los respetos) no tienen la base de sus ganancias en los discos porque ustedes, señores de las discográficas que nos señalan con el dedo, se quedan con casi todos los beneficios que originan, sino que la tienen en los conciertos que desde que existe la distribución de sus obras por internet se han multiplicado en asistencia exponencialmente y, con ello, también sus ingresos. Tengo un amigo rapero al que se le cae la baba cuando ve que su disco se lo bajan cada vez más personas solo de pensar que quizás ahora, y gracias a la gente que irá a verle en directo, podrá ganar algo de dinero para mantenerse con este negocio que ustedes vampirizan.

Intentan ustedes, en resumen, hipnotizarnos y dejar todo esto, de nuevo, en un sueño. Pero por mucho que lo intenten tendrán que concienciarse de que el Derecho se tiene que adaptar a la sociedad y no a la inversa.

A nosotros no nos vuelve a dormir ni Dios... es más, tiro más alto, no nos vuelve a dormir ni Telefónica!

Artículo completo en Rebelión.com

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