2.8.10

El principio

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Recuerdo que todo comenzó con una caja.

La caja se encontraba a la entrada de la casa. Parecía dejada allí de forma casual, olvidada, vacía y sin uso aparente, esperando que el contenedor de cartones fuera el destino más probable. Se encontraba allí. La había dejado yo allí hacía dos días. Cada vez que iba de una parte a otra de la casa pasaba por su lado y lo miraba aparentando un desinterés que no tenía. Hacer caso a esa caja de cartón, color marrón, suponía tomar una decisión que aun no quería tomar.

Desde hacía unos días tenía una sensación interminable de malestar, — Me pasa siempre cuando algo me desagrada o me produce hastío, o me da vértigo, me pongo literalmente enferma. — y lo peor de todo es que no podía escapar a algo que había provocado yo conscientemente y que deseaba tanto.

La caja seguía como testigo mudo de todos mis devaneos y retrasos. Quería lo inevitable, necesitaba lo inevitable pero también buscaba tiempo y conseguir que todo fuera más lento, empaparme de lo que estaba viviendo, poder verlo como a cámara lenta... sentirlo como si no me pasara a mí, asimilar que se acercaba el momento de dar un paso más.

Me senté frente a la caja, con los codos sobre las rodillas: había decidido cambiar otra vez de vida. Mudarme. Tampoco se puede decir que fuera algo emocionante, ni siquiera se trataba de conocer una nueva ciudad. Se trataba solo de regresar comenzando de nuevo, sin nada y con todo por delante. El principio del resto de mi vida o simplemente hasta la próxima vez.




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