25.8.10

No sirve

Instantanea de Kchbrown "Useless" en Flickr


Tanto tiempo encerrada en el jardín imaginando escenarios superiores, enterrando pasiones: No sirve. Dar rienda suelta a los instintos más salvajes, más elementales; dejar que el recuerdo de dolores antiguos se abra y que destroce todo el poder de control del que te crees capaz –muro construido piedra a piedra a través de los años y que pensabas sólido-- casi nunca aporta satisfacción, ni siquiera una pequeña dosis de tranquilidad: No sirve. Saber que has sido sincera: No sirve. Muy al contrario, el desasosiego inunda tu vida de tal forma que ya nada es lo mismo desde ese instante. Quizá a medida que pasan los días ese desasosiego se va mitigando, pero no desaparece totalmente nunca. Quizá no recuerdes, pasados los años, las miles de pequeñas razones que desataron una y otra vez lo salvaje que llevamos dentro, pero la verdadera razón que subyace en el fondo de esas pequeñas razones si, esa si la recuerdas porque forma parte de uno mismo y normalmente de la parte más dolorosa y más terrible. Heridas que fueron apoderándose de tu vida, que nunca jamás se cerraron y que configuran el paisaje del camino.

No sirve tanta precaución: murallas de sensatez caen como agua y te dejan sin defensas. Aquellos antiguos dolores que te retorcieron el alma antaño, regresan vivos, punzantes y terriblemente presentes como si la herida se hubiera abierto ayer. Regresas a la niñez, a la adolescencia como si el tiempo no hubiera escrito nada en tu alma. Los recuerdos regresan haciéndose hoy mismo y en dos segundos comienza a latir tu corazón descontrolado, sangrante, dolorido y sin querer dejas salir todo el dolor que llevas dentro, tanto tiempo controlado, como un torrente de resentimiento y miedo. Y todo ese sentimiento se convierte en palabras, proyectiles sonoros nunca antes pronunciados y ahora lanzados inútilmente. Luego, después: silencio.

No sirve dejar las heridas abiertas. Pensar que se están cerrando y en el proceso abrir otras. Se trata de lo mucho que duele hacer daño aunque uno crea tener razón, del dolor que produce causar sufrimiento. Se trata de no querer tener tanta rabia dentro.

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.
Poema de Octavio Paz "Silencio"



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