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08 mayo 2012

Un nuevo orden social

Ilustración de Mikel Casal
Cuando el próximo 1 de septiembre muchos -con permiso de los cercanos 6 millones de parados- nos incorporemos de nuevo a nuestro puesto de trabajo tras el descanso veraniego, los colegios y las universidades estén a punto de reanudar sus clases y el balón de la Liga lleve rodando varias semanas, habrá un buen puñado de ciudadanos a los que les dirá muy poco la repetida monserga mediática sobre el síndrome posvacacional. Ese día entrarán en vigor algunos de los aspectos más polémicos de la reforma sanitaria. Esta supondrá, entre otras medidas, que todos aquellos ciudadanos llegados de otros países que no tengan regularizada su situación en España se queden sin tarjeta sanitaria y solo puedan ser atendidos en la red pública de salud en caso de urgencia. Esta es una de las 'reformas' -o recortes­ que se incluyen en el real decreto ley para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud aprobadas por el gobierno de Mariano Rajoy.

El 1 de septiembre los casi 153.000 inmigrantes en situación irregular que viven en el Estado perderán la oportunidad, si así lo requirieran, de seguir tratándose con quimioterapia o radioterapia el cáncer que padecen, o de acudir al fisioterapeuta a recibir el tratamiento para rehacer su vida alejados de una silla de ruedas tras una lesión medular, o de seguir revisándose periódicamente con un cardiólogo tras un accidente cardiovascular, o de realizar tres visitas semanales a un centro hospitalario para recibir diálisis. Una interminable lista de historias personales que a partir de esa fatídica jornada solo les queda esperar o acudir a urgencias para resolver una situación que debilita la frontera entre la salud y la enfermedad, y en algunos casos entre la vida y la muerte.

Una realidad que, como ya vienen denunciando desde hace tiempo las organizaciones sociales que trabajan con las personas migrantes, se agrava por el cúmulo de trabas legales y burocráticas que soportan los que llegan a España 'sin papeles' para regularizar su situación y que convierte su vida en un callejón sin salida. Sin embargo, la medida adoptada recientemente por el Gobierno español en un asunto tan espinoso ha sido interpretada por otros como un guiño de protección a los ciudadanos nacidos en España que seguramente implica un gran apoyo social en muy importantes sectores de la opinión pública. Un gesto para focalizar la atención en esta cuestión mientras los recortes afectan a un mayor número de casuísticas. Parece más bien que se trata de una acción deliberada para centrar en la inmigración uno de los motivos que hacen incrementar el gasto público en sanidad. La reaparición casi simultánea de informaciones relativas al costo que sufragan el Estado y las comunidades autónomas de personas de otros países que vienen a someterse a intervenciones quirúrgicas y tratamientos en lo que se ha denominado 'turismo sanitario' es solo un ejemplo. Entidades como Cáritas española ha denunciado que en vez de resolver este tipo de lagunas legales, el Ejecutivo ha adoptado el papel del todo por la parte y legisla con el lazo grande. ¿Por qué no se ofrecen datos más exhaustivos sobre el gasto real de este colectivo? ¿Por qué estas cifras no se presentan de forma transparente con relación a otros gastos desorbitados que también financia el Estado?

A gran parte de la clase política se le llena la boca apelando al término 'ciudadanía'. Un concepto que pretende ser inclusivo, que no entiende de etnias ni procedencias para dividir, sino que aúna toda la riqueza y la pluralidad de un lugar para sumar. La Constitución española determina la protección de la salud como un derecho fundamental y numerosos estatutos de autonomía -habrá que esperar si prosperan algunos de los recursos que se van a interponer- hablan de la Sanidad como derecho 'universal'. Aspectos que también reflejan la De claración Universal de los Derechos Humanos o distintos documentos de la Organización Mundial de la Salud.

El 1 de septiembre de 2012 se estrena un nuevo orden social. Si todavía no lo sabíamos, estas medidas vienen a subrayar la inauguración de un tiempo en el que conviviremos juntos ciudadanos de primera y de segunda categoría.También en el ámbito de la gestión pública y aún tratándose de derechos básicos, se aplica la ley de mercado -tú me das, yo te doy-. ¿Hemos perdido en el camino la lógica histórica del Estado de bienestar que asume un cierto endeudamiento en pos de unas prestaciones de carácter universal? ¿Por qué se sigue machacando al escalafón más débil? ¿Cualquier derecho puede ser soslayable, por encima incluso de la dignidad de la persona?

Hace 26 años que en España se universalizó la Sanidad incorporando al sistema a más de ocho millones de personas que hasta la fecha habían quedado fuera. Hoy algunos hablan ya de regresión, otros prefieren quedarse con el término 'expoliación' de los derechos sociales más elementales. El horizonte que se dibuja en el ámbito de las prestaciones sociales corre el riesgo de desgajar algunas de las garantías más elementales. Y lo que es más peligroso, justificadas públicamente por el poder político en términos de necesidad -por las exigencias de bancos centrales, agencias de calificación y gobiernos ultraliberales-, y de búsqueda del bien común. Este es sólo el co­ mienzo de una larga historia. ¿Hasta dónde se pretende llegar?

¿Estamos dispuestos a permitirlo?


Juan Pagola
Profesor de Comunicación. Universidad de Deusto-Donostia
Diario Vasco - 6.05.2012

29 agosto 2010

Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Fotografía de Hernán Jaramillo "Pintor"

Curso básico de injusticia

La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe. Las órdenes de consumo, obligatorias para todos pero imposibles para la mayoría, se traducen en invitaciones al delito. Las páginas policiales de los diarios enseñan más sobre contradicciones de nuestro tiempo que las páginas de información política y económica.

Este mundo, que ofrece el banquete a todos y cierra la puerta en la narices de tantos es, al mismo tiempo, igualador y desigual: igualador en las ideas y en las costumbres que impone, y desigual en las oportunidades que brinda.
Fragmento del libro Patas Arriba de Eduardo Galeano


15 mayo 2010

El imperio del consumo

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial... leer artículo completo
Un artículo de Eduardo Galeano Fuente: Revista El Viejo Topo – 10.04.2007

26 julio 2009

Disculpen la molestia: armados contra los pobres

Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?

¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?

Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.

Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina 3 millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren 15 niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?

¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?

¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.

Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.
Eduardo Galeano en Cubadebate

Las reglas del juego


06 junio 2009

Pollo a la carta

Pollo a la carta o Chicken ala Carte que es su titulo original de Ferdinand Dimadura.

03 mayo 2009

El ser de cada uno



Fotografía de Mabel en flick "Déjate un cachito"
Texto de Manuel Azaña en "Memorias". En La Insignia



«En las cabezas inmóviles las miradas destellan, y al soslayo, de reojo, buscan la mía, y durante el segundo en que se cruzan, cada mirada me trae el mensaje de un hombre. De un hombre, con su vida trabajosa a cuestas.» (Madrid, noviembre de 1937.) Por Manuel Azaña.

02 junio 2007

Condoleezza no puede dar lecciones

Artículo de Pablo Sebastián en Estrella Digital



Llega, por fin, a Madrid la secretaria de Estado americana Condoleezza Rice después de tres largos años de desencuentro entre los gobiernos de España y Estados Unidos por causa de la retirada intempestiva, pero justificada, de las tropas españolas desplegadas en Iraq por el anterior Gobierno de José María Aznar. La llegada de Condoleezza a la capital española ha sido presentada por el ministro Moratinos y el presidente Zapatero como un éxito diplomático al que suman la presencia, ayer en Madrid, del presidente francés Sarkozy y la reciente entrevista en Moncloa entre el primer ministro holandés, Balkenende, estos dos últimos empeñados en una reforma a la baja del Tratado de la Unión Europea que con tanto énfasis apoyó y ratificó en referéndum España. Y toda esta actividad diplomática, precedida de varios meses de clamoroso vacío, ocurre a los pocos días de que Zapatero sufriera, en las elecciones municipales, su primera derrota nacional a manos del PP que lidera Rajoy, en contra de lo esperado en Moncloa, donde se pensaba festejar con políticos de las dos orillas del Atlántico una nueva victoria que no llegó y que pone en cuarentena, dentro y fuera de España, el liderazgo del presidente español.

Sin embargo, el plato fuerte de esta reactivación diplomática se centra en la llegada de la señora Rice a Madrid, que ha sido precedida por unas declaraciones muy críticas de la secretaria de Estado sobre lo que se considera una actitud permisiva del Gobierno de Madrid con el régimen cubano de Fidel Castro, así como con otros líderes de América Latina como el venezolano Chaves o el boliviano Morales. Y todo ello avalado por el discurso de Rice contra de los regímenes que no respetan las reglas de la democracia, los Derechos Humanos y las libertades.

Pero de la misma manera que Estados Unidos puede dar lecciones sobre libertades, Derechos Humanos y democracia si presentan su gran país como modelo, en su política exterior el Gobierno de Washington, el presidente Bush y la secretaria Rice no están en condiciones de dar lecciones a nadie, y menos a España. Ni siquiera sobre Cuba, porque en la isla caribeña la violación de los Derechos Humanos es más flagrante en la base carcelaria americana de Guantánamo que en todo el resto del territorio insular, sin que ello justifique, en modo alguno, la ausencia de libertades y de democracia del régimen de Castro, al que Estados Unidos ha sometido a un bloqueo económico y comercial que no aplican a otras dictaduras comunistas amigas de Washington, como la China, donde las libertades y los Derechos Humanos brillan por su clamorosa ausencia y están en peor situación que en Cuba, o en otras dictaduras aliadas de Estados Unidos, como la de Arabia Saudí, un régimen feudal en el que, entre otros desafueros, las mujeres son consideradas ciudadanos de segunda clase (ya quisieran vivir como las cubanas).

De manera que no está Condoleezza Rice en condiciones de dar lecciones a España por el caso cubano, cuando sabemos lo que hacen con otras dictaduras, cuando ella está implicada en los abusos de Guantánamo y en los vuelos secretos y torturadores de la CIA, y cuando es de todos conocido que ella, en compañía del ex secretario de Defensa, Rumsfeld, y del presidente Bush ha sido una pieza clave en la puesta en marcha de la ilegal, mentirosa y fracasada guerra de Iraq, donde han muerto miles de ciudadanos inocentes, donde han fracasado sus planes de democratización y donde se ha abierto un nuevo foco incontrolable de inestabilidad internacional y terrorismo islámico.

Asimismo, y en contra de la agitación mediática pro Condoleezza del lobby del exilio cubano, las relaciones de España con América Latina deben tener en cuenta la Historia y la cultura que unen nuestro país con las repúblicas americanas, denunciando el embargo de Washington a Cuba y a la vez exigiendo al régimen dictatorial de Castro la apertura hacia la democracia y el fin de la represión a los disidentes políticos, así como el respeto a los Derechos Humanos. Una doble tarea difícil de compaginar que los gobiernos españoles, desde el inicio de la transición, intentaron sin éxito y con distinta actitud, una vez que Aznar —rompiendo la línea de dialogo que habían mantenido otros dirigentes de su partido como Manuel Fraga— se alineó del lado de Washington, en el caso de Cuba y en otras cuestiones como la guerra de Iraq, que condujo al PP a la derrota electoral en el año 2004, que ha provocado una desastrosa salida del poder del trío de las Azores, Aznar, Blair y Bush y que dejará tras de sí un segundo Vietnam.

Defender la libertad y la democracia en Cuba, agarrándose a las faldas de Condoleezza Rice, mientras se oculta la cárcel de Guantánamo, el embargo americano a la isla, el trato desigual de Washington con regímenes dictatoriales similares o peores al cubano, y las mortíferas andanzas guerreras del presidente Bush —que ahora pretende recuperar la guerra fría en Europa con su escudo antimisiles— constituye un ejercicio de cinismo que, además de no solucionar nada en Cuba, quita credibilidad a la merecida denuncia contra el régimen de Castro. Al tiempo que provoca en España un rechazo mayoritario por esta burda simplificación del problema y por causa de la simpatía y del sentimiento histórico y cultural que el pueblo español ha mantenido siempre por América Latina en general, y por Cuba en particular, el último de nuestros territorios de ultramar del que España fue desalojada precisamente por el ejército de Estados Unidos en una guerra tan mentirosa como ilegal, para finalmente imponer en la isla el régimen corrupto de Batista que luego dio paso a la revolución y la dictadura de Castro y que tarde o temprano deberá acabar, en beneficio de la democracia y la libertad.