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02 julio 2011

La belleza se revela cada día

Eres como la luz del atardecer en verano sobre el paisaje castellano. Suave y aterciopelada, abrazando el horizonte cubierto de trigales pesados y llenos. Así te siento. Allí te busco.
Misteriosa. Casi perfecta. Me inundas de una agradable sensación que extiende y engrandece todo lo que toca. Te veo en sus miradas, en la mirada de todos, en todos y cada uno de los colores del alma; unificadora de deseos, de sueños. Miraré siempre en tu dirección, sin apartar los ojos. Seguiré tu estela y amaré tus sombras. Buscaré tu caricia y tu consejo.
Apretada a mi pecho, entre suspiros, te guardo; allí donde la angustia aprieta el alma impidiéndome respirar; cerca de lo profundo, donde late la vida.
Los recuerdos se apartarán de mí. Quedaré sola y perdida entre miradas desconocidas e inquisidoras; pero se, si, lo se, que tu presencia me será siempre cercana y querida. Me acompañarás más allá del horizonte, al final del camino, allí donde -sin duda- todo comienza de nuevo.

Llorar no resulta tan sencillo cuando en el corazón ya no queda nada.

23 mayo 2011

Nueve de la noche


Son las nueve de la noche de un domingo. En Sol, junto al acceso principal del Metro, se debaten propuestas sobre sanidad pública, educación y cultura; se toman decisiones sobre las comisiones del movimiento; se invita a la gente a participar; se recuerda que hablar delante de todos no es tan fácil, «que da yuyu», que hay que tener respeto y paciencia; se pide que la primera exigencia del M15M sea la absolución de los detenidos y se acuerda que de absolución nada, que debemos exigir el sobreseimiento de los casos. En Sol, junto al acceso principal del Metro, hay minutos hasta para insistir en la importancia de redactar bien las peticiones y de aprender de los que saben y se han ofrecido a enseñar.

Como la Comuna de París en 1871, la España que despierta advierte a la dormida: «nuestro triunfo es vuestra única esperanza». Pero parte de la España dormida no está dormida, sino podrida hasta la médula; y otra parte, algo mayor, se resiste tanto a ver la realidad que se sorprende cuando las televisiones escupen los resultados de unas elecciones que ya eran noticia vieja hace un mes, tres meses, seis meses, un año. Si hubieran mirado a tiempo. Si hubieran escuchado a tiempo. Si hubieran hecho algo a tiempo; algo digno, se entiende, porque no hacer nada es hacer mucho, y guardar silencio cuando se acalla y se castiga a los que anuncian lo que va a pasar, es hacer bastante.

Son las nueve de la noche de un domingo. Mientras los medios dedican sus ediciones al pasado, Sol vive. «No es vivir, es huir», alegan el cínico y el idiota; pero si fuera huir, lo sería en el sentido de Blas de Otero: «Salió una noche/ echando espuma por los ojos, ebrio/ de amor, huyendo sin saber adónde:/ adonde el aire no apestase a muerto.» Tomamos decisiones que triunfarán o no, pero las tomamos; reforzamos la voluntad de cambiar las cosas y volvimos a hablar. Los que nos culpan, mienten; los que se deprimen, llegan tarde. «No nos representan», insistimos. Ni estamos aquí para velar un cadáver ni vamos a derramar lágrimas por él. Que las derramen otros: sus beneficiarios.


Texto de Jesús Gómez Gutiérrez en Malasaña. En pruebas.
Instantánea de Lunazul 76 en Flickr

19 marzo 2011

La dudosa eficacia de la Corte

Ilustración de Mikel Casal 

La Resolución 1970 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha dispuesto la remisión a la Corte Penal Internacional de la “situación imperante en la República Árabe de Libia”, con el fin de que inicie las actuaciones judiciales contra el régimen de Gadafi. La decisión ha sido aplaudida por la mayoría de la opinión pública mundial, que ve en ella un acto de justicia contra los crímenes cometidos en en ese país y un impulso hacia la consolidación de la Corte como instrumento para lograr la justicia penal universal; sin embargo, un análisis más profundo de los mecanismos que presiden la actuación de ese tribunal obliga a ser mucho más escéptico.
De acuerdo con el Estatuto de la Corte, cada país puede decidir libremente si somete o no a su jurisdicción los crímenes contra la humanidad, de guerra, de agresión o de genocidio, que se hayan cometido en su territorio o por sus nacionales fuera de él, siempre con carácter subsidiario a la acción del aparato judicial del propio Estado. Hasta el momento, dicho Estatuto ha sido ratificado por más de cien países, entre los que no se encuentran algunos con gran peso económico y político, como Estados Unidos, China o Rusia –miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas–, ni otros que han protagonizado conflictos armados en los últimos años, como Irak, Afganistan y, precisamente, Libia.

Para que los crímenes cometidos en esos países o por sus nacionales no queden impunes, el Estatuto prevé la posibilidad de que el Consejo de Seguridad remita al Fiscal de la Corte cualquier asunto, con independencia de que el país afectado sea Parte del mismo. Eso es precisamente lo que acaba de ocurrir en relación con los crímenes del Gobierno libio. Ahora bien, si las decisiones del Consejo de Seguridad fueran adoptadas bajo estrictos criterios de justicia, podríamos considerarlo un firme apoyo a la consolidación de la Corte Penal Internacional; sin embargo, la realidad es muy distinta. Para que una Resolución –como la 1970– salga adelante, debe contar con el voto favorable de nueve miembros del Consejo, incluidos los cinco permanentes. Lógicamente, Estados Unidos, Rusia o China no van a permitir jamás que se persiga un asunto que les perjudique, mientras no accedan voluntariamente a ratificar el Estatuto de la Corte, algo que no parece probable en el futuro inmediato.

Especial interés tiene el comportamiento de Estados Unidos, porque ha protagonizado una auténtica cruzada contra el Tribunal de La Haya, recurriendo a toda suerte de resquicios legales y a su poder económico. El Estatuto de la Corte obliga a la entrega de las personas perseguidas, pero su artículo 98.2 permite invalidar esa obligación si existe un acuerdo bilateral incompatible con ella, lo que abre las puertas a una posible “negociación”. Estados Unidos ha aprovechado esta fisura legal para suscribir con más de cien países los llamados “acuerdos de impunidad”, mediante los cuales esos países se comprometen a no entregar a ningún norteamericano a la Corte Penal Internacional; unos acuerdos que han sido suscritos bajo la amenaza de aplicarles la Ley de Protección de Ciudadanos Estadounidenses (aprobada a instancia del Gobierno de Bush en 2002), que prohíbe cualquier ayuda económica a los estados renuentes. Por lo demás, esa misma ley autoriza al Gobierno de Washington a emplear los “medios necesarios” (cabe imaginar cuáles) para liberar a cualquier norteamericano que pudiera estar detenido en La Haya bajo la custodia del tribunal.

Por todo ello, sorprende la rapidez con la que el Consejo de Seguridad ha adoptado la Resolución 1970, contra Libia, por supuesto con apoyo de Estados Unidos, Rusia y China. Una muestra sobresaliente de cinismo político. Libia se sumará así a otros cuatro países africanos (Sudán, Congo, Uganda y República Centroafricana) como los únicos cuyos dirigentes han sido sometidos hasta ahora a la jurisdicción de la Corte, que parece extender su competencia sólo hacia países subdesarrollados. Quede claro que los hechos juzgados son gravísimos y que sus autores se han hecho acreedores de un justo castigo; pero también lo merecen quienes protagonizaron la invasión ilegal de Irak, provocando cientos de miles de muertos, o quienes tienen sometido a todo un pueblo (el palestino) bajo un yugo execrable, o tantos otros estados protegidos por esos tres países principales, que no han querido saber nada de la Corte Penal Internacional hasta que sus propios intereses les han llevado a impulsar la Resolución 1970.

Ante tanta justicia para unos, los pobres, y tanto silencio para otros, los poderosos, cabe preguntarse: ¿es esta la justicia universal que algunos reclaman?, ¿cómo puede considerarse tan loable un tribunal que no va a juzgar jamás a quienes tienen silla propia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ni a sus protegidos? Para que la Corte Penal Internacional fuera de verdad un órgano que imparta justicia debería poseer el ius imperium que caracteriza el ejercicio de la potestad punitiva y juzgar los graves crímenes de lesa humanidad, genocidio, etc., que se cometan en cualquier lugar del mundo sin atender a la nacionalidad del responsable ni a su poderío económico. Mientras ello no ocurra, el trato desigual que caracteriza la actuación de la Corte no permite considerarla un instrumento efectivo de justicia universal.

Nicolás García Rivas
Catedrático de Derecho penal de la Universidad de Castilla-La Mancha
Artículo publicado en Dominio público. Opinión a fondo el 14 mar 2011

29 enero 2011

Cómplices

"El grito" de Edvard Munch
No poner fin a lo que tiene remedio y denunciar las cosas con un simple murmullo nos hace cómplices de nuestra miseria.
                                    “Saramago, el pesimista utópico”, Turia, Teruel, nº 57, 2001

23 enero 2011

Las servidumbres del odio

?

“La justicia no consiste en abrir unas prisiones para cerrar otras. Consiste, en primer lugar, en no llamar “mínimo vital” a lo que apenas si basta para hacer que viva una familia de perros, ni emancipación del proletariado a la supresión radical de todas las ventajas conquistadas por la clase obrera desde hace cien años. La libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa. Está por construirse la verdad, como el amor, como la inteligencia. Nada es dado ni prometido, pero todo es posible para quien acepta empresa y riesgo. Es esta apuesta la que hay que mantener en esta hora en que nos ahogamos bajo la mentira, en que estamos arrinconados contra la pared. Hay que mantenerla con tranquilidad, pero irreductiblemente, y las puertas se abrirán. ¿Y por qué esperar a Navidad? La muerte y la resurrección son de todos los días. De todos los días son también la injusticia y la verdadera rebelión.”
Albert Camus en Las servidumbres del odio.
Entrevista publicada en Le Progrés de Lyon (navidades de 1951). Obras completas. Aguilar, 1959.

11 diciembre 2010

Deporte

Instantánea de Luis Manuel Iglesias Nuñez "Petirrojo sobre bota"
[...] Queremos conservar los valores que el deporte de competición aporta a las sociedades modernas, la capacidad de superación, la colaboración y el trabajo en equipo, el esfuerzo, el compañerismo, el respeto a los adversarios, la disciplina, aprender a ganar y a perder, son activos muy preciados como para dejar que se ensucien con la falta de ética y la ambición desmedida"... []
Comunicado de Atletas españoles


                             Letra

07 noviembre 2010

Recordando: Madrid

Victoria
MARTÍN SANTOS YUBERO | 22-10-2010

Júbilo ciudadano tras el triunfo electoral de las candidaturas del Frente Popular, 
el 1 de marzo de 1936 (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid/ Fondo Martín Santos Yubero).

7 de noviembre
No hay aquí ni más abajo, ni siquiera en el puente estrecho y rojo, de ferrocarril, un monumento, una estatua, una placa, un pedestal, lo que sea, algo que indique siquiera vagamente que en 1936, durante la noche del seis al siete de noviembre, una ciudad sola, abandonada por el Gobierno, se iba a levantar, iba a resistir e iba a ganar la primera batalla de la II Guerra Mundial al fascismo.

No hay nada aquí ni en ningún otro lugar de la ciudad; tampoco en el resto de España, según parece, aunque la sangre de Madrid y su conversión en línea del frente durante tres años, que no son dos días, fueran el único hilo que sostuvo la esperanza y la libertad del país. Pero así son las cosas. Nada en el Parque del Oeste, nada en el Puente de los Franceses, nada en la Facultad de Filosofía y Letras, nada en el Hospital Clínico y, desde luego, nada en Moncloa, en la antigua Cárcel Modelo, hoy Ministerio del Aire, de donde el día 15 salieron Vicente Rojo y el general Miaja para detener la desbandada de la columna Durruti, que pudo causar la pérdida de la capital y de la guerra.

«Por los campos luchados se extienden los heridos», dice la primera línea de un poema escrito por Miguel Hernández para el muro de un hospital. Miles de heridos esperando ayuda; miles de muertos. Sobre eso tampoco hay nada. Si ni siquiera cabe un recuerdo para el comandante Carlos Romero Jiménez y sus hombres, que con unas cuantas ametralladoras y un par de cañones estrangularon la ofensiva fascista, por qué se va a recordar a unos cuantos miles cuya identidad se desconoce. Civiles, soldados, la ciudad. Argüelles arrasada, la Complutense arrasada; Cuatro Caminos, Vallecas y Delicias, en escombros; docenas de edificios de Universidad y los Austrias, perdidos para siempre. ¿Dónde están sus imágenes? ¿Dónde está su museo? En ningún sitio.

Al cabo de los años, cuando los nombres dejan de ser y sólo queda de ellos el recuerdo de sus familias, no hay más prueba colectiva de su paso que la ciudad; entonces, los muros se vuelven nombres y muestran quiénes fueron, por qué luchaban, hasta dónde llevaron su resistencia. En el caso de Madrid, resistieron tanto que al final, cuando la ciudad fue traicionada, había entregado barrios enteros con todo su pulso presente y su pasado. Pero como ya se ha dicho, así son las cosas. La ciudad, civiles, soldados, nada. Sangre, vida, nada. Historias como la de los internacionales polacos que combatieron en la Casa de Velázquez hasta que «sólo quedaban en pie seis hombres y el capitán», como cuenta Julián Zugazagoitia en Guerra y vicisitudes de los españoles; docenas de historias de entonces y de después, porque tres años de bombardeos, de terror y de hambre dan para mucho.

Ni los muertos necesitan homenajes ni los que amamos y conocemos Madrid necesitamos que nos recuerden aquellas jornadas; toda esa nada no es feroz en calidad de ausencia, sino por lo que esa ausencia dice de la España actual. «Un general insigne y unos cuantos capitanes. ¿Habrá algún día bronce bastante para ellos?», se preguntaba Antonio Machado. No lo hubo, no lo hay. Ni aquí ni más abajo, ni siquiera en el puente estrecho y rojo, de Ferrocarril, que llamamos Puente de los Franceses. «¿Por qué no se rinden ya?», instó una vez un agregado diplomático a los miembros del Comando de la Defensa; «porque no nos da la gana», respondieron. Por ese mismo motivo, muy propio del alma de Madrid, volveremos a conmemorar el 7 de noviembre. Y algún día, recobraremos nuestra República.

Madrid, noviembre.

Texto de Jesús Gómez Gutiérrez en Blog: "Malasaña en pruebas"

01 noviembre 2010

Intervenir

Instantánea de Calafellvalo "Teléfono público"
Hacia las cinco y veinte de la tarde, un hombre bajo, de pelo corto y jersey marrón, empuja una de las puertas de cristal y camina hacia la barra. Su cara dice que no es de aquí, que es de campo y buena gente; su voz, a punto de sonar, añadirá que lleva poco tiempo en la ciudad y que proviene de un lugar donde nuestro pasado es el presente de otros. Nada relevante, salvo por la pregunta que dirige a la camarera: «¿Tienen teléfono público?»

Sólo dos clientes han seguido con lo que estaban haciendo: las dos «yoyoyo ay yoyoyo» que siempre piden un té y un café con leche, aunque la menos pija de las dos, la del café, empezó a incluir otros pronombres al principio de la crisis. Los demás se han vuelto hacia el recién llegado con el mismo asombro. Un teléfono público. En un bar. Vale, todavía queda algún bar con teléfono, pero tan público y tan de pago como las cabinas. ¿Quién entra en un bar a pedir un teléfono? A la respuesta de la camarera, «no, no tenemos», se ha opuesto un «¿dónde podría llamar?» que ha sido la gota que colma el vaso.

Durante los segundos posteriores, silencio de la camarera, silencio de los clientes, «yoyoyo ay yoyoyo» de los dos cachosdecarne, el hombre del jersey marrón ha dado las gracias y ha vuelto sobre sus pasos sin respuesta. Ya estaba en la calle cuando un cliente se ha tomado la molestia de alcanzarlo y prestarle atención. Al parecer, había llegado a Madrid por la mañana; sus hijos se habían marchado a trabajar, él había salido a dar un paseo y etcétera etcétera hasta el momento del teléfono, porque en su país, o al menos en su pueblo, los bares tienen teléfonos públicos.

Quince minutos después, el mismo hombre que acompaña a una cabina al hombre del jersey marrón, se dispone a comprar un paquete de tabaco. Tras responder «fumo negro» a la chica que hace promociones de rubio, se pone a la cola y espera. El primer cliente, un chaval, paga lo que tenga que pagar y pregunta por una tienda que se encuentra a veinte metros de distancia, en la misma acera, en una calle tan concurrida y de paso tan obligado que hasta el turista de estancia más breve sabría darle indicaciones. «No me suena», gruñe el primer dependiente. «Pero me han dicho... », insiste el chaval. «Aquí no es», lo interrumpe el segundo, sin mirarlo.

Este tipo de escenas empiezan a ser habituales. A veces tienen excusa: la perplejidad de la clientela ante un viejo que quería un teléfono; a veces, la mayoría, ocultan una enfermedad social. El hombre del final de la cola ha levantado la voz y ha explicado dónde estaba la tienda. No ha sido un gran esfuerzo; abrir la boca, intervenir, echar una mano en lo que no cuesta nada. Y sólo entonces, cuando ya estaba dicho, los dependientes han recobrado la memoria, la amabilidad y hasta la vista y el resto se ha sumado a las explicaciones. Será que están dormidos. O algo peor.

Fuencarral, siete de la tarde. — Jesús Gómez Gutiérrez en Malasaña en pruebas


22 septiembre 2010

Palabras para silenciar al mundo


El 3 de junio de 1992 una niña de 12 años llamada Severn Suzuki, se desplazó, junto a un grupo de niños (Vanessa Suttie, Morgan Geisler, Michelle Quigg), desde Canada hasta la Conferencia de Medioambiente y Desarrollo "The Earth Summit" celebrada por la ONU en Río de Janeiro.

Una vez allí hizo este discurso de 6:32 minutos.
Hoy tiene 28 años..
Discurso completo aquí


13 septiembre 2010

Responsabilidad


Lo inevitable nos rodea. No está en nuestras manos cambiar tanto abuso, tanto sufrimiento, tanta infamia, tanto absurdo. Qué podemos hacer: …quedarnos quietos, y pensar que no es asunto nuestro –y sería cierto-, o podemos obviarlo y actuar como si no nos diéramos cuenta de ello e intentar cambiar nosotros para poder cambiar lo que nos rodea?




29 agosto 2010

Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Fotografía de Hernán Jaramillo "Pintor"

Curso básico de injusticia

La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe. Las órdenes de consumo, obligatorias para todos pero imposibles para la mayoría, se traducen en invitaciones al delito. Las páginas policiales de los diarios enseñan más sobre contradicciones de nuestro tiempo que las páginas de información política y económica.

Este mundo, que ofrece el banquete a todos y cierra la puerta en la narices de tantos es, al mismo tiempo, igualador y desigual: igualador en las ideas y en las costumbres que impone, y desigual en las oportunidades que brinda.
Fragmento del libro Patas Arriba de Eduardo Galeano


26 agosto 2010

El vasco que humilló a los ingleses

                  Almirante Blas de Lezo y Olavarrieta                                                    Sir Edward Vernon


Hace doce años, cuando escribía La carta esférica, tuve en las manos una medalla conmemorativa, acuñada en el siglo XVIII, donde Inglaterra se atribuía una victoria que nunca ocurrió. Como lector de libros de Historia estaba acostumbrado a que los ingleses oculten sus derrotas ante los españoles -como la del vicealmirante Mathews en aguas de Tolón o la de Nelson cuando perdió el brazo en Tenerife-, pero no a que, además, se inventen victorias. Aquella pieza llevaba la inscripción, en inglés: El orgullo de España humillado por el almirante Vernon; y en el reverso: Auténtico héroe británico, tomó Cartagena -Cartagena de Indias, en la actual Colombia- en abril de 1741. En la medalla había grabadas dos figuras. Una, erguida y victoriosa, era la del almirante Vernon. La otra, arrodillada e implorante, se identificaba como Don Blass y aludía al almirante español Blas de Lezo: un marino vasco de Pasajes encargado de la defensa de la ciudad. La escena contenía dos inexactitudes. Una era que Vernon no sólo no tomó Cartagena, sino que se retiró de allí tras recibir las suyas y las del pulpo. La otra consistía en que Blas de Lezo nunca habría podido postrarse, tender la mano implorante ni mirar desde abajo de esa manera, pues su pata de palo tenía poco juego de rodilla: había perdido una pierna a los 17 años en el combate naval de Vélez Málaga, un ojo tres años después en Tolón, y el brazo derecho en otro de los muchos combates navales que libró a lo largo de su vida. Aunque la mayor inexactitud de la medalla fue representarlo humillado, pues Don Blass no lo hizo nunca ante nadie. Sus compañeros de la Real Armada lo llamaban Medio hombre, por lo que quedaba de él; pero los cojones siempre los tuvo intactos y en su sitio. Como los del caballo de Espartero. [..]

[..] He visto dos retratos de Edward Vernon, y en ambos -uno, pintado por Gainsborough- tiene aspecto de inglés relamido, arrogante y chulito. Con esa vitola y esa cara, uno se explica que vendiera la piel antes de cazar el oso, haciendo acuñar por anticipado las medallas conmemorativas de la hazaña que estaba dispuesto a realizar. Pese a que a esas alturas de las guerras con España todos los marinos súbditos de Su Graciosa sabían cómo las gastaba Don Blass, el cantamañanas del almirante inglés dio la victoria por segura. Sabía que tras los muros de Cartagena, descuidados y medio en ruinas, sólo había un millar de soldados españoles, 300 milicianos, dos compañías de negros libres y 600 auxiliares indios armados con arcos y flechas. Así que bombardeó, desembarcó y se puso a la faena. Pero Medio hombre, fiel a lo que era, se defendió palmo a palmo, fuerte a fuerte, trinchera a trinchera, y los navíos bajo su mando se batieron como fieras protegiendo la entrada del puerto. Vendiendo carísimo el pellejo, bajo las bombas, volando los fuertes que debían abandonar y hundiendo barcos para obstruir cada paso, los españoles fueron replegándose hasta el recinto de la ciudad, donde resistieron todos los asaltos, con Blas de Lezo personándose a cada instante en un lugar y en otro, firme como una roca. Y al fin, tras arrojar 6.000 bombas y 18.000 balas de cañón sobre Cartagena y perder seis navíos y nueve mil hombres, incapaces de quebrar la resistencia, los ingleses se retiraron con el rabo entre las piernas, y el amigo Vernon se metió las medallas acuñadas en el ojete.

Blas de Lezo murió pocos meses después, a resultas de los muchos sufrimientos y las heridas del asedio, y el rey lo hizo marqués a título póstumo. Creo haberles dicho que era vasco. De Pasajes, hoy Pasaia. A tiro de piedra de San Sebastián. O sea, Donosti. Pues eso.
Ver artículo completo de Pérez Reverte en perezreverte.com - Patentes de corso

25 agosto 2010

No sirve

Instantanea de Kchbrown "Useless" en Flickr


Tanto tiempo encerrada en el jardín imaginando escenarios superiores, enterrando pasiones: No sirve. Dar rienda suelta a los instintos más salvajes, más elementales; dejar que el recuerdo de dolores antiguos se abra y que destroce todo el poder de control del que te crees capaz –muro construido piedra a piedra a través de los años y que pensabas sólido-- casi nunca aporta satisfacción, ni siquiera una pequeña dosis de tranquilidad: No sirve. Saber que has sido sincera: No sirve. Muy al contrario, el desasosiego inunda tu vida de tal forma que ya nada es lo mismo desde ese instante. Quizá a medida que pasan los días ese desasosiego se va mitigando, pero no desaparece totalmente nunca. Quizá no recuerdes, pasados los años, las miles de pequeñas razones que desataron una y otra vez lo salvaje que llevamos dentro, pero la verdadera razón que subyace en el fondo de esas pequeñas razones si, esa si la recuerdas porque forma parte de uno mismo y normalmente de la parte más dolorosa y más terrible. Heridas que fueron apoderándose de tu vida, que nunca jamás se cerraron y que configuran el paisaje del camino.

No sirve tanta precaución: murallas de sensatez caen como agua y te dejan sin defensas. Aquellos antiguos dolores que te retorcieron el alma antaño, regresan vivos, punzantes y terriblemente presentes como si la herida se hubiera abierto ayer. Regresas a la niñez, a la adolescencia como si el tiempo no hubiera escrito nada en tu alma. Los recuerdos regresan haciéndose hoy mismo y en dos segundos comienza a latir tu corazón descontrolado, sangrante, dolorido y sin querer dejas salir todo el dolor que llevas dentro, tanto tiempo controlado, como un torrente de resentimiento y miedo. Y todo ese sentimiento se convierte en palabras, proyectiles sonoros nunca antes pronunciados y ahora lanzados inútilmente. Luego, después: silencio.

No sirve dejar las heridas abiertas. Pensar que se están cerrando y en el proceso abrir otras. Se trata de lo mucho que duele hacer daño aunque uno crea tener razón, del dolor que produce causar sufrimiento. Se trata de no querer tener tanta rabia dentro.

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.
Poema de Octavio Paz "Silencio"



23 agosto 2010

Los agujeros negros del Planeta: Gaza

Jamal Abu Hamada (pescador) no puede faenar en las costas de Gaza desde que Israel limitó a tres millas las aguas jurisdiccionales. Jamal es uno de los cientos de miles de palestinos que viven enfermos de desesperanza. Fotografía "El Páis digital"

En Gaza nadie muere de hambre ni de enfermedad, pero hay decenas de miles de muertos en vida, que dejan pasar los días aguardando sin esperanza que algo suceda.

Viven encarcelados en un territorio de 365 kilómetros cuadrados (una quinta parte de la provincia de Guipúzcoa, la más pequeña de España), rodeados por enormes muros de ocho metros de altura y por un bloqueo naval a apenas tres millas de la costa. Los sitiadores israelíes les tienen sometidos a un bloqueo total e inhumano que impide entrar o salir a personas y mercancías, en respuesta a los más de 8.000 cohetes lanzados desde Gaza a los colonos judíos en los últimos ocho años. Los 1,6 millones de habitantes, de los que un millón son refugiados, viven encarcelados por el Gobierno de Israel y por la autoridad de Hamás (considerada una organización terrorista por Occidente), que ellos eligieron en 2006. [...]

[...] Desde el secuestro del soldado israelí Gilad Shalit, el 25 de junio de 2006, por el ejército de Hamás, Israel endureció el bloqueo hasta unos límites inhumanos, impidiendo la entrada de combustible, alimentos y material de construcción. Desde entonces ha habido más de 2.000 muertos, la gran mayoría palestinos, en los continuos enfrentamientos entre uno y otro bando. Nadie sabe dónde está encarcelado este joven que ahora tendrá 25 años.

En estos cuatro años, el Ejército israelí ha realizado dos operaciones militares de represalia y busca del soldado secuestrado. La primera, llamada Lluvia de Verano, en junio del 2006, que duró cinco meses y causó la muerte de palestinos (243 civiles), y la segunda, entre diciembre de 2008 y enero 2009, denominada Operación Plomo Fundido, que sembró el terror por toda la franja de Gaza y causó más de 1.500 muertos palestinos. Luego vino el incidente de la flotilla de la paz, el pasado mes de junio, que volvió a poner en evidencia la política de Israel.[...]
Artículo completo en El Páis. Especial: Los agujeros negros del planeta





12 julio 2010

Fotografía de Sergei Sogokon "Geometrical Ilusion with apple"

Si tienes una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, entonces seguiremos teniendo una manzana cada uno. Pero si tienes una idea y yo tengo una idea e intercambiamos estas ideas, entonces cada uno de nosotros tendrá dos ideas.
George Bernard Shaw