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07 noviembre 2010

Recordando: Madrid

Victoria
MARTÍN SANTOS YUBERO | 22-10-2010

Júbilo ciudadano tras el triunfo electoral de las candidaturas del Frente Popular, 
el 1 de marzo de 1936 (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid/ Fondo Martín Santos Yubero).

7 de noviembre
No hay aquí ni más abajo, ni siquiera en el puente estrecho y rojo, de ferrocarril, un monumento, una estatua, una placa, un pedestal, lo que sea, algo que indique siquiera vagamente que en 1936, durante la noche del seis al siete de noviembre, una ciudad sola, abandonada por el Gobierno, se iba a levantar, iba a resistir e iba a ganar la primera batalla de la II Guerra Mundial al fascismo.

No hay nada aquí ni en ningún otro lugar de la ciudad; tampoco en el resto de España, según parece, aunque la sangre de Madrid y su conversión en línea del frente durante tres años, que no son dos días, fueran el único hilo que sostuvo la esperanza y la libertad del país. Pero así son las cosas. Nada en el Parque del Oeste, nada en el Puente de los Franceses, nada en la Facultad de Filosofía y Letras, nada en el Hospital Clínico y, desde luego, nada en Moncloa, en la antigua Cárcel Modelo, hoy Ministerio del Aire, de donde el día 15 salieron Vicente Rojo y el general Miaja para detener la desbandada de la columna Durruti, que pudo causar la pérdida de la capital y de la guerra.

«Por los campos luchados se extienden los heridos», dice la primera línea de un poema escrito por Miguel Hernández para el muro de un hospital. Miles de heridos esperando ayuda; miles de muertos. Sobre eso tampoco hay nada. Si ni siquiera cabe un recuerdo para el comandante Carlos Romero Jiménez y sus hombres, que con unas cuantas ametralladoras y un par de cañones estrangularon la ofensiva fascista, por qué se va a recordar a unos cuantos miles cuya identidad se desconoce. Civiles, soldados, la ciudad. Argüelles arrasada, la Complutense arrasada; Cuatro Caminos, Vallecas y Delicias, en escombros; docenas de edificios de Universidad y los Austrias, perdidos para siempre. ¿Dónde están sus imágenes? ¿Dónde está su museo? En ningún sitio.

Al cabo de los años, cuando los nombres dejan de ser y sólo queda de ellos el recuerdo de sus familias, no hay más prueba colectiva de su paso que la ciudad; entonces, los muros se vuelven nombres y muestran quiénes fueron, por qué luchaban, hasta dónde llevaron su resistencia. En el caso de Madrid, resistieron tanto que al final, cuando la ciudad fue traicionada, había entregado barrios enteros con todo su pulso presente y su pasado. Pero como ya se ha dicho, así son las cosas. La ciudad, civiles, soldados, nada. Sangre, vida, nada. Historias como la de los internacionales polacos que combatieron en la Casa de Velázquez hasta que «sólo quedaban en pie seis hombres y el capitán», como cuenta Julián Zugazagoitia en Guerra y vicisitudes de los españoles; docenas de historias de entonces y de después, porque tres años de bombardeos, de terror y de hambre dan para mucho.

Ni los muertos necesitan homenajes ni los que amamos y conocemos Madrid necesitamos que nos recuerden aquellas jornadas; toda esa nada no es feroz en calidad de ausencia, sino por lo que esa ausencia dice de la España actual. «Un general insigne y unos cuantos capitanes. ¿Habrá algún día bronce bastante para ellos?», se preguntaba Antonio Machado. No lo hubo, no lo hay. Ni aquí ni más abajo, ni siquiera en el puente estrecho y rojo, de Ferrocarril, que llamamos Puente de los Franceses. «¿Por qué no se rinden ya?», instó una vez un agregado diplomático a los miembros del Comando de la Defensa; «porque no nos da la gana», respondieron. Por ese mismo motivo, muy propio del alma de Madrid, volveremos a conmemorar el 7 de noviembre. Y algún día, recobraremos nuestra República.

Madrid, noviembre.

Texto de Jesús Gómez Gutiérrez en Blog: "Malasaña en pruebas"

12 septiembre 2010

El oyente de la clase de retórica


El oyente de la clase de retórica, en quien Mairena sospechaba un futuro taquígrafo del Congreso, era, en verdad, un oyente, todo un oyente, que no siempre tomaba notas, pero que siempre escuchaba con atención, ceñuda unas veces, otras sonriente. Mairena lo miraba con simpatía no exenta de respeto, y nunca se atrevía a preguntarle. Sólo una vez, después de interrogar a varios alumnos sin obtener respuesta satisfactoria, señaló hacia él con el dedo índice, mientras pretendía en vano recordar un nombre.

- Usted...
- Joaquín García, oyente.
- Ah, usted perdone.
- De nada.

Mairena tuvo que atajar severamente la algazara burlona que este breve diálogo promovió entre los alumnos de la clase.

-No hay motivo de risa, amigos míos; de burla, mucho menos. Es cierto que yo no distingo entre alumnos oficiales y libres, matriculados y no matriculados; cierto es también que en esta clase, sin tarima para el profesor ni cátedra propiamente dicha -Mairena no solía sentarse o lo hacía sobre la mesa-, todos dialogamos a la manera socrática; que muchas veces charlamos como buenos amigos, y hasta alguna vez discutimos acaloradamente. Todo esto está muy bien. Conviene, sin embargo, que alguien escuche. Continúe usted, señor García, cultivando esa especialidad.
Texto de Antonio Machado de Juan de Mairena.



17 julio 2006

Hay que escribir nuevamente la historia. 70 años después.


"La Historia que se está escribiendo es ficticia, falsa, amañada, deforme, inmoral, dogmáticamente perversa, fanáticamente cruel, políticamente turbia y ciega, socialmente demagógica".
A todos los que lucharon en el Ejército de la República, a los militares profesionales a "los demás cuadros de mando de diversas procedencias que dieron cohesión y eficacia a las unidades armadas durante nuestra guerrra, por que también ellos merecen esa rehabilitación". A todos ellos les corresponde "ocupar una página de honor en nuestra historia" [...] " Lo merecen precisamente por eso, porque cumplieron su deber, arriesgando su vida desde el 18 de julio todos los días y a todas las horas y sin ensuciarse las manos de sangre ni oro. La empezaron pobres y dignos. La terminaron pobres y dignos. A ningún español, ni a España, han pasado la cuenta del sacrificio que llevaron a cabo por defender su libertad y su soberanía. El Estado, algún día, les hará la justicia que merecen".

Palabras del General Vicente Rojo en un texto
de 1961 titulado "Defensa de los militares profesionales"
Recordadas por su hijo el periodista José Andrés Rojo en el artículo
"Los otros militares de julio de 1936" en ElPaís.es - Opinión - 17-07-2006

* * * * *

(EL CRIMEN)
Se le vió, caminando entre fusiles
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
...Que fue en Granada el crimen,
sabed - ¡pobre Granada!-, en su Granada!...

II
(EL POETA Y LA MUERTE)

Se le vió caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
-Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque-, yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la Muerte. Ella escuchaba.
"Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!"

III

Se les vió caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

Antonio Machado: "El crímen fué en
Granada" a Federico García Lorca

El 18 de julio, día en que se cumplen 70 años del golpe de Estado del general Francisco Franco contra la II República, llegará sin que la Ley de Memoria Histórica, prometida desde junio de 2004, haya visto la luz. El Ejecutivo duda entre el 21 y el 28 de julio. Esta última fecha garantizaría que la polémica llegue ya con el país de vacaciones, en pleno agosto, el mes menos activo en política.