13 mayo 2007

Irán, Iraq y EEUU

Fotografía de ponente "Verdades Absolutas I" en es.f.log
Texto de Alberto Piris
Letra de Leonard Cohen "Anthem"


"Haz sonar las campanas que todavía emitan sonidos
Olvida tu ofrenda perfecta
Hay una grieta
Una grieta en todo
Así es cómo la luz entra
"

En el Golfo Pérsico se está concentrando estos días la mayor fuerza aeronaval nunca vista allí desde que se produjo la invasión de Iraq hace cuatro años. Está constituida por tres potentes grupos de portaaviones de EEUU (el “Nimitz”, el “Eisenhower” y el “Stennis”) y apoyada por otro portaaviones (el francés “Charles De Gaulle”). Con ellos despliegan numerosos cruceros, fragatas, submarinos y buques de apoyo, armados con los más potentes ingenios de la guerra moderna.

Que Irán está en el punto de mira de los cazabombarderos y misiles situados a tan pocas millas de sus costas es algo que no se puede ignorar en las actuales circunstancias. Tanto más, cuanto que simultáneamente se han venido desarrollando en Egipto unos encuentros internacionales sobre la pacificación de Iraq, a los que no es ajena la ostensible exigencia estadounidense de que Irán detenga su programa nuclear, so pena de sufrir graves consecuencias “sin descartar ninguna opción” (léase, el bombardeo).

La diplomacia apoyada por los cañones es una vieja estrategia de todas las potencias colonialistas en los dos últimos siglos. Es de sospechar que se está fraguando el desarrollo de un nuevo capítulo en esta vieja historia. Pero puesto que de Historia se trata, no viene mal recordar dos episodios que afectan directamente a los tres países más implicados en el actual conflicto: EEUU, Iraq e Irán.

El primero se produjo en mayo de 1987, ahora hace 20 años, cuando en las mismas aguas del Golfo Pérsico, una fragata estadounidense recibió el impacto de dos misiles, lo que causó un incendio y graves averías en la nave, así como la muerte de 37 miembros de la tripulación. El atacante fue un cazabombardero iraquí que confundió al buque con una unidad naval iraní. Recuérdese que por entonces transcurría el séptimo año de la guerra entre ambos países, guerra en la que el gobierno del presidente Reagan apoyaba a Sadam Husein contra el régimen de los ayatolás iraníes.

La reacción de los medios de comunicación de EEUU fue sorprendente: en vez de arremeter contra Iraq, el país causante del incidente, la prensa se volcó contra Irán, acumulando epítetos a cual más denigrantes. Reagan declaró: “De ningún modo les consideramos hostiles [a los iraquíes]. El malo de la película es Irán”. Miembros del Senado declararon que Irán era “un beligerante que carece de normas y de moral” y que “patrocina el terrorismo y el secuestro de aviones”. ¿No les recuerda esto a los lectores la retórica que atribuía a Iraq las culpas del 11-S?

Poco más de un año después se produjo el segundo incidente que merece la pena recordar. El “Vincennes”, un crucero lanzamisiles de EEUU, navegando en aguas territoriales iraníes, derribó un avión comercial de este país, produciendo la muerte de cerca de 300 personas. Sesenta y seis niños viajaban en el Airbus del vuelo Iran Air 655 aquel fatídico día, hacia una colonia de vacaciones a la que nunca llegaron.

El Pentágono se excusó manifestando que el crucero había tenido que “defenderse” porque sospechó que el piloto del avión de línea había mostrado la intención de atacar al buque de guerra o estrellarlo contra él. Según testimonios de otros buques estadounidenses, también desplegados en la zona, el avión comercial estaba en esos momentos ganando altura y dentro de los límites del pasillo aéreo habitualmente utilizado.

Pues, para pasmo del lector, sepa que cuando el “Vincennes” regresó a su puerto base en San Diego (California), recibió una bienvenida fervorosa y todos los miembros de la tripulación fueron condecorados como participantes en acciones de combate. Según narra Robert Fisk en su libro The Great War for Civilization: The Conquest of the Middle East, el oficial coordinador del combate aéreo del buque (el responsable de decidir cuándo y cómo atacar a los posibles objetivos aéreos) fue condecorado con la medalla de excelencia naval por “su heroico comportamiento y su capacidad para mantenerse sereno y responsable bajo el fuego enemigo”. Los ciudadanos de Vincennes (Indiana) recolectaron dinero para erigir un monumento en el pueblo que da nombre al buque, no a la memoria de los iraníes inocentes muertos en el incidente, sino del buque cuyos disparos los aniquilaron.

Con estos antecedentes de un pasado inmediato, en la misma zona —el Golfo Pérsico— y entre los mismos protagonistas —EEUU, Iraq e Irán— ¿qué esperanzas tiene la opinión pública de saber con certeza lo que ahora pueda ocurrir? Predomine o no la diplomacia sobre los cañones, lo que a partir de ahora suceda en Irán y en el entorno del Golfo Pérsico, estará, como muestran los dos ejemplos citados, cubierto por el opaco velo que desfigura la verdad y la somete a los intereses de las potencias dominantes.


Alberto Piris
General de Artillería en la Reserva.
Estrella Digital. Opinión. 12-05-2007

12 mayo 2007

Indiferencia del universo

Fotografía de Eskil Olsen "Silence"
Texto de Mario Roberto Morales

El 28 de diciembre de 1999, la niebla sobre la bahía de San Francisco varó mi vuelo en el aeropuerto de Denver. Llevaba conmigo un librito de Martin Buber en el que leí que en una ocasión cierto rabino decidió ayunar una semana entera, pero unas horas antes de culminar su empresa lo asaltó una sed tan abrasadora que se dirigió al pozo para sacar agua y beber. Entonces se dio cuenta de que por no esperar unas cuantas horas iba a destruir el trabajo que ya había realizado, y decidió no sacar el agua. Inmediatamente después fue invadido por un sentimiento de orgullo por haber sido capaz de imponer su voluntad a las urgencias de su cuerpo, y entonces razonó que era mejor ir a beber el agua y fracasar, antes que dejar que su corazón cayera presa del orgullo. Regresó al pozo y, cuando se disponía a sacar el agua, se dio cuenta de que su sed había desaparecido.
Lo que me interesó rescatar de esta lectura es el hecho increíble (pero cierto) de que la plena conciencia de lo que es (sin convertirlo en lo que uno cree que debería ser) tiene un inmediato efecto tranquilizador si se registra sin agregarle valoraciones positivas o negativas. Es decir, si uno acepta lo que considera terrible: la neutralidad de lo real y de la verdad, así como el hecho de que es uno quien le agrega emociones a la indiferencia del universo. El registro conciente de nuestras reacciones, tanto en la dicha como en la adversidad, tiene también un efecto potenciador de la capacidad cognoscitiva de lo concreto, que se traduce en una gozosa lucidez serena cuyo placer uno se guarda para sí porque es sencillamente intransferible.

Solamente a quien rechaza lo que encuentra cuando busca la verdad puede atribularle la práctica de este registro conciente de lo que es (y no de lo que debería ser, según nosotros). A propósito, estos aforismos de Remy de Gourmont (traducidos por Luis Eduardo Rivera), vienen mucho al caso: "Lo que hay de terrible cuando se busca la verdad, es que se encuentra". Por eso Gourmont aconseja: "Subir por encima de sí mismo, para observarse". Y a propósito de los autoengaños dice: "La verdad está en los hechos y no en la razón. Las ciencias históricas sólo pueden llegar a comprobar la legitimidad de lo que fue, de lo que es, de lo que será". Y, finalmente, para quienes insisten en imponer su verdad a contrapelo de lo que sencillamente es: "Un imbécil no se aburre nunca: se contempla".

Mientras todo esto sucede, el universo nos ignora.


Mario Roberto Morales
La Insignia. Guatemala, mayo del 2007

05 mayo 2007

Dime quién es más bonito

Fotografía de Ben Goossens "It's a real nowhere man"
Texto de Mario Roberto Morales

Uno de los argumentos más socorridos de la crítica feminista es el que atribuye al macho la construcción del ser femenino como proyección de su deseo sexual por la mujer. En otras palabras, el macho, al idealizar a la mujer, construye una imagen de sujeto femenino que no es más que la proyección de lo que él quisiera que la mujer fuera. Y lo que él quisiera que la mujer fuera es un mero objeto sexual, bonito y a la disposición. Bajo este criterio se juzgan los boleros, la música romántica, buena parte de la poesía de todas las épocas, el cine e incluso la ciencia (como "versión masculina" de la objetividad analítica), y se los condena por machistas.
Generalizando este criterio construccionista, quizás se pueda decir que el investigador en ciencias humanas y sociales crea su objeto de estudio al delimitarlo y explicarlo en relación a lo que le interesa, y por eso mismo lo crea como objeto de deseo también. Es decir, lo crea como realidad deseable por él. En este sentido, un intelectual que estudia al llamado sujeto subalterno en su especificidad etnocultural, proyecta sus deseos en el sujeto que construye, atribuyéndole -al hacerlo su objeto de estudio- rasgos de identidad que él mismo quisiera tener y que al no poder tenerlos los proyecta en el otro, tal como, según ciertos feminismos, lo hace el macho con la mujer.

El otro, entonces, puede ser visto como una configuración especular y narcisista del este, quien al estudiarlo lo construye como objeto deseable, atribuyéndole aquello de lo cual él o ella carece. El otro es, pues, una expresión del deseo del este. Y la identidad otra no es sino la expresión de cierta identidad contraria (por deseada) del este: su imagen imaginada, narcisista, fantasiosa. En suma, el otro es este. Sólo que es un este que no existe sino como su propia negación idealizada. Y así, al construir la identidad ajena como proyección del deseo de la propia, lo que hace el este es afirmar su propia identidad tal y como existe, con todas sus carencias, reales o imaginarias.

La cosa se complica cuando el espejo, es decir el otro, se da cuenta de que quien se mira en él desea ver una imagen de sí mismo distinta de la que el espejo le regresa, porque entonces el espejo comienza a complacerlo y, por tanto, a ofrecerle una imagen otra, acorde con los deseos del este, quien de esta manera postula que el otro existe como diferenciado de él, como lo totalmente opuesto a él, y así realiza su fantasía de imaginar un objeto de deseo tras el cual él (o ella) pueda lanzarse en una empresa heroica de complementariedad que puede ser académica, política, ideológica o sentimental. Es el caso de tanto científico social que se casa con su objeto de estudio en África, Asia o América Latina, y se lo lleva como trofeo para su casa en el Midwest, junto que toda suerte de artesanías vistosas, confeccionadas por las exóticas manos de los buenos salvajes entre los cuales el científico de marras se precia de haber vivido.

El otro, visto como objeto de deseo construido narcisistamente por el este, es una perspectiva que tiene implicaciones fundamentales para el estudio del multiculturalismo en el tercer mundo, porque desde el momento en que el otro se deja construir alegremente como distinto y acepta dejarse ver y oír, haciendo y diciendo lo que los estes de Europa y Estados Unidos quieren ver y oír, el análisis de la otredad se nos plantea como el estudio de su propio simulacro; un simulacro realizado por un sujeto mimético que personifica una ficción para que la vivan los angustiados estes, quienes de esa manera afianzan su incierta identidad ante la contraparte que la niega y a la vez la posibilita. Parafraseando a la bruja de Blancanieves, podríamos preguntarle a nuestro espejo: Oh, espejito, espejito, dime quién es más bonito... ¿Lo seré yo… o mi reflejito?

Pittsburgh, 25 de octubre de 1996.



Mario Roberto Morales
La Insignia. Guatemala, mayo del 2007.

02 mayo 2007

Un vivo en crisis y un muerto-muerto

Imagen de GSteve "nº 9"

Está la política y están las payasadas. No existe frontera insalvable entre lo uno y lo otro, pero hay que reconocer que la política real, la que desemboca en decisiones que tienen efectos reales, limita la payasada al uso instrumental y sólo cuando considera que funciona. Luego hay mucha tela que cortar; por ejemplo, a qué porcentaje de payasos se accede con tal o cual payasada, o incluso qué cantidad aproximada de payasos se pueden crear, en tal o cual segmento, con esta o aquella payasada. Sin embargo, estaremos de acuerdo con la afirmación de que una cosa es la política, con o sin payasadas instrumentales, y otra la payasada pura, con o sin instrumentalización de la política.
Digo esto a cuento de la crisis de la izquierda y porque hoy es 1º de Mayo. Pero antes de seguir adelante, falta echar un vistazo a la invitada que se ha colado en la frase anterior, la palabra «crisis». Una palabra bastante decente; directa, evocadora, de significado inconfundible. Una palabra que implica existencia de vida, porque no puede haber crisis en ausencia de vida. Nadie diría de un muerto, salvo tal vez un periodista, que se encuentra en estado crítico. Si está en crisis, está vivo; si está muerto y aun así hay crisis, no será la del cadáver: será otra cosa. Y ahí te quería ver.

Soy de la opinión de que necesitamos no sólo una socialdemocracia fuerte sino también el espacio que ocuparon los antiguos partidos comunistas democráticos, los grandes partidos eurocomunistas. Pero que lo necesitemos no significa, obviamente, que lo vayamos a tener. «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo», dijo Arquímedes, que entendía de las cosas del movimiento y del viejo asunto de la correlación de fuerzas. En lo tocante a la socialdemocracia, no hay sorpresa en el melón de los partidos demócratas con los Bayrou y los Democratici della sinistra; es fruta de la que ya se tenía constancia en el laborismo inglés y el socialismo español. En lo tocante al muerto, esto es lo que es y no lo que algunos sueñan: marginalidad de la italiana Refundación Comunista, dos por ciento pelado del PCF y un resultado que para el PCE no sería mejor si los zorrocotrocos que viven del difunto confirmaran la brillante idea de separarse de Izquierda Unida por creer que se pueden presentar a elecciones y no directamente a un sepelio. «Algo habremos hecho mal», dice doña Rossanda. Algo. Qué sería de la taxidermia sin el sentido del humor.

La izquierda politica lleva tres décadas de retraso. Tres décadas en las que han pasado muchas cosas, incluido el enésimo salto de la globalización que siempre estuvo aquí, porque siempre ha estado aquí, como el aire. El resultado es una socialdemocracia que en el mejor de los casos juega a suavizar la caída y la destrucción prácticamente completa del espacio del deber ser, de los que sin negar los hechos ni condenarnos al infierno de los mitos regresivos, pretendían acelerar nuestra evolución. Y ya está, no hay más izquierda. Tenemos un vivo en crisis y un muerto-muerto.

Por suerte para todos, no hay mal que cien años dure. Que nuestros representantes no atinen o no se atrevan con las soluciones no quiere decir, en modo alguno, que no las haya o que no se conozcan. Las hay y se conocen. Pero de momento, dejemos una analogía en honor a la fiesta que celebramos: lo único que nos salva de desastres más graves es el sindicalismo. No es casualidad. Los sindicatos, allá donde hay sindicalismo libre y de clase, trabajan. Actúan. Dan respuestas más o menos atinadas a problemas concretos y a la propia generalidad de la economía. Ningún sindicato duraría dos días si ante el cierre de una fábrica o un despido improcedente reaccionara con discursos morales. Porque está la política y están las payasadas.




Jesús Gómez Gutiérrez
La Insignia. España, mayo del 2007

01 mayo 2007

1 de Mayo de 1937

Viñeta de Máximo. El País. EDICIÓN IMPRESA - 01 - 05 - 2007

"Desde un punto de vista teórico, yo no soy marxista, no lo he sido nunca, es muy posible que no lo sea jamás. Mi pensamiento no ha seguido la ruta que desciende de Hegel a Carlos Marx. Tal vez porque soy demasiado romántico, por el influjo, acaso de una educación demasiado idealista, me falta simpatía por la ideal central del marxismo, me resisto a creer que el factor económico, cuya enorme importancia no desconozco, sea el más esencial de la vida humana y el gran motor de la historia. Veo, sin embargo, con entera caridad, que el Socialismo, en cuanto supone una manera de convivencia humana, basada en el trabajo, en la igualdad de los medios concedidos a todos para realizarlo, y en la abolición de los privilegios de clase, es una etapa inexcusable en el camino de la justicia; veo claramente que es ésa la gran experiencia humana de nuestros días, a la que todos de algún modo debemos contribuir."


Antonio Machado
Rebelión

29 abril 2007

El dúo de la tos


Pintura: Edward Hopper "Hotel Room"

El gran hotel del Águila tiende su enorme sombra sobre las aguas dormidas de la dársena. Es un inmenso caserón cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, falansterio del azar, hospicio de viajeros, cooperación anónima de la indiferencia, negocio por acciones, dirección por contrata que cambia a menudo, veinte criados que cada ocho días ya no son los mismos, docenas y docenas de huéspedes que no se conocen, que se miran sin verse, que siempre son otros y que cada cual toma por los de la víspera.
«Se está aquí más solo que en la calle, tan solo como en el desierto», piensa un bulto, un hombre envuelto en un amplio abrigo de verano, que chupa un cigarro apoyándose con ambos codos en el hierro frío de un balcón, en el tercer piso. En la obscuridad de la noche nublada, el fuego del tabaco brilla en aquella altura como un gusano de luz. A veces aquella chispa triste se mueve, se amortigua, desaparece, vuelve a brillar.
«Algún viajero que fuma», piensa otro bulto, dos balcones más a la derecha, en el mismo piso. Y un pecho débil, de mujer, respira como suspirando, con un vago consuelo por el indeciso placer de aquella inesperada compañía en la soledad y la tristeza.
«Si me sintiera muy mal, de repente; si diera una voz para no morirme sola, ese que fuma ahí me oiría», sigue pensando la mujer, que aprieta contra un busto delicado, quebradizo, un chal de invierno, tupido, bien oliente.
«Hay un balcón por medio; luego es en el cuarto número 36. A la puerta, en el pasillo, esta madrugada, cuando tuve que levantarme a llamar a la camarera, que no oía el timbre, estaban unas botas de hombre elegante».
De repente desapareció una claridad lejana, produciendo el efecto de un relámpago que se nota después que pasó.
«Se ha apagado el foco del Puntal», piensa con cierta pena el bulto del 36, que se siente así más solo en la noche. «Uno menos para velar; uno que se duerme.»
Los vapores de la dársena, las panzudas gabarras sujetas al muelle, al pie del hotel, parecen ahora sombras en la sombra. En la obscuridad el agua toma la palabra y brilla un poco, cual una aprensión óptica, como un dejo de la luz desaparecida, en la retina, fosforescencia que padece ilusión de los nervios. En aquellas tinieblas, más dolorosas por no ser completas, parece que la idea de luz, la imaginación recomponiendo las vagas formas, necesitan ayudar para que se vislumbre lo poco y muy confuso que se ve allá abajo. Las gabarras se mueven poco más que el minutero de un gran reloj; pero de tarde en tarde chocan, con tenue, triste, monótono rumor, acompañado del ruido de la mar que a lo lejos suena, como para imponer silencio, con voz de lechuza.
El pueblo, de comerciantes y bañistas, duerme; la casa duerme.
El bulto del 36 siente una angustia en la soledad del silencio y las sombras.
De pronto, como si fuera un formidable estallido, le hace temblar una tos seca, repetida tres veces como canto dulce de codorniz madrugadora, que suena a la derecha, dos balcones más allá. Mira el del 36, y percibe un bulto más negro que la obscuridad ambiente, del matiz de las gabarras de abajo. «Tos de enfermo, tos de mujer.» Y el del 36 se estremece, se acuerda de sí mismo; había olvidado que estaba haciendo una gran calaverada, una locura. ¡Aquel cigarro! Aquella triste contemplación de la noche al aire libre. ¡Fúnebre orgía! Estaba prohibido el cigarro, estaba prohibido abrir el balcón a tal hora, a pesar de que corría agosto y no corría ni un soplo de brisa. «¡Adentro, adentro!» ¡A la sepultura, a la cárcel horrible, al 36, a la cama, al nicho!»
Y el 36, sin pensar más en el 32, desapareció, cerró el balcón con triste rechino metálico, que hizo en el bulto de la derecha un efecto melancólico análogo al que produjera antes el bulto que fumaba la desaparición del foco eléctrico del Puntal.
«Sola del todo», pensó la mujer, que, aún tosiendo, seguía allí, mientras hubiera aquella compañía... compañía semejante a la que se hacen dos estrellas que nosotros vemos, desde aquí, juntas, gemelas, y que allá en lo infinito, ni se ven ni se entienden.
Después de algunos minutos, perdida la esperanza de que el 36 volviera al balcón, la mujer que tosía se retiró también; como un muerto que en forma de fuego fatuo respira la fragancia de la noche y se vuelve a la tierra.
Pasaron una, dos horas. De tarde en tarde hacia dentro, en las escaleras, en los pasillos, resonaban los pasos de un huésped trasnochador; por las rendijas de la puerta entraban en las lujosas celdas, horribles con su lujo uniforme y vulgar, rayos de luz que giraban y desaparecían.
Dos o tres relojes de la ciudad cantaron la hora; solemnes campanadas precedidas de la tropa ligera de los cuartos, menos lúgubres y significativos. También en la fonda hubo reloj que repitió el alerta.
Pasó media hora más. También lo dijeron los relojes.
«Enterado, enterado», pensó el 36, ya entre sábanas; y se figuraba que la hora, sonando con aquella solemnidad, era como la firma de los pagarés que iba presentando a la vida su acreedor, la muerte. Ya no entraban huéspedes. A poco, todo debía morir. Ya no había testigos; ya podía salir la fiera; ya estaría a solas con su presa.
En efecto; en el 36 empezó a resonar, como bajo la bóveda de una cripta, una tos rápida, enérgica, que llevaba en sí misma el quejido ronco de la protesta.
«Era el reloj de la muerte», pensaba la víctima, el número 36, un hombre de treinta años, familiarizado con la desesperación, solo en el mundo, sin más compañía que los recuerdos del hogar paterno, perdidos allá en lontananzas de desgracias y errores, y una sentencia de muerte pegada al pecho, como una factura de viaje a un bulto en un ferrocarril.
Iba por el mundo, de pueblo en pueblo, como bulto perdido, buscando aire sano para un pecho enfermo; de posada en posada, peregrino del sepulcro, cada albergue que el azar le ofrecía le presentaba aspecto de hospital. Su vida era tristísima y nadie le tenía lástima. Ni en los folletines de los periódicos encontraba compasión. Ya había pasado el romanticismo que había tenido alguna consideración con los tísicos. El mundo ya no se pagaba de sensiblerías, o iban éstas por otra parte. Contra quien sentía envidia y cierto rencor sordo el número 36 era contra el proletariado, que se llevaba toda la lástima del público. -El pobre jornalero, ¡el pobre jornalero! -repetía, y nadie se acuerda del pobre tísico, del pobre condenado a muerte del que no han de hablar los periódicos. La muerte del prójimo, en no siendo digna de la Agencia Fabra, ¡qué poco le importa al mundo!
Y tosía, tosía, en el silencio lúgubre de la fonda dormida, indiferente como el desierto. De pronto creyó oír como un eco lejano y tenue de su tos... Un eco... en tono menor. Era la del 32. En el 34 no había huésped aquella noche. Era un nicho vacío.
La del 32 tosía, en efecto; pero su tos era... ¿cómo se diría? Más poética, más dulce, más resignada. La tos del 36 protestaba; a veces rugía. La del 32 casi parecía un estribillo de una oración, un miserere, era una queja tímida, discreta, una tos que no quería despertar a nadie. El 36, en rigor, todavía no había aprendido a toser, como la mayor parte de los hombres sufren y mueren sin aprender a sufrir y a morir. El 32 tosía con arte; con ese arte del dolor antiguo, sufrido, sabio, que suele refugiarse en la mujer.
Llegó a notar el 36 que la tos del 32 le acompañaba como una hermana que vela; parecía toser para acompañarle.
Poco a poco, entre dormido y despierto, con un sueño un poco teñido de fiebre, el 36 fue transformando la tos del 32 en voz, en música, y le parecía entender lo que decía, como se entiende vagamente lo que la música dice.
La mujer del 32 tenía veinticinco años, era extranjera; había venido a España por hambre, en calidad de institutriz en una casa de la nobleza. La enfermedad la había hecho salir de aquel asilo; le habían dado bastante dinero para poder andar algún tiempo sola por el mundo, de fonda en fonda; pero la habían alejado de sus discípulas. Naturalmente. Se temía el contagio. No se quejaba. Pensó primero en volver a su patria. ¿Para qué? No la esperaba nadie; además, el clima de España era más benigno. Benigno, sin querer. A ella le parecía esto muy frío, el cielo azul muy triste, un desierto. Había subido hacia el Norte, que se parecía un poco más a su patria. No hacía más que eso, cambiar de pueblo y toser. Esperaba locamente encontrar alguna ciudad o aldea en que la gente amase a los desconocidos enfermos.
La tos del 36 le dio lástima y le inspiró simpatía. Conoció pronto que era trágica también. «Estamos cantando un dúo», pensó; y hasta sintió cierta alarma del pudor, como si aquello fuera indiscreto, una cita en la noche. Tosió porque no pudo menos; pero bien se esforzó por contener el primer golpe de tos.
La del 32 también se quedó medio dormida, y con algo de fiebre; casi deliraba también; también trasportó la tos del 36 al país de los ensueños, en que todos los ruidos tienen palabras. Su propia tos se le antojó menos dolorosa apoyándose en aquella varonil que la protegía contra las tinieblas, la soledad y el silencio. «Así se acompañarán las almas del purgatorio.» Por una asociación de ideas, natural en una institutriz, del purgatorio pasó al infierno, al del Dante, y vio a Paolo y Francesca abrazados en el aire, arrastrados por la bufera infernal.
La idea de la pareja, del amor, del dúo, surgió antes en el número 32 que en el 36.
La fiebre sugería en la institutriz cierto misticismo erótico; ¡erótico!, no es ésta la palabra. ¡Eros! El amor sano, pagano ¿qué tiene aquí que ver? Pero en fin, ello era amor, amor de matrimonio antiguo, pacífico, compañía en el dolor, en la soledad del mundo. De modo que lo que en efecto le quería decir la tos del 32 al 36 no estaba muy lejos de ser lo mismo que el 36, delirando, venía como a adivinar.
«¿Eres joven? Yo también. ¿Estás solo en el mundo? Yo también. ¿Te horroriza la muerte en la soledad? También a mí. ¡Si nos conociéramos! ¡Si nos amáramos! Yo podría ser tu amparo, tu consuelo. ¿No conoces en mi modo de toser que soy buena, delicada, discreta, casera, que haría de la vida precaria un nido de pluma blanda y suave para acercarnos juntos a la muerte, pensando en otra cosa, en el cariño? ¡Qué solo estás! ¡Qué sola estoy! ¡Cómo te cuidaría yo! ¡Cómo tú me protegerías! Somos dos piedras que caen al abismo, que chocan una vez al bajar y nada se dicen, ni se ven, ni se compadecen... ¿Por qué ha de ser así? ¿Por qué no hemos de levantarnos ahora, unir nuestro dolor, llorar juntos? Tal vez de la unión de dos llantos naciera una sonrisa. Mi alma lo pide; la tuya también. Y con todo, ya verás cómo ni te mueves ni me muevo.»
Y la enferma del 32 oía en la tos del 36 algo muy semejante a lo que el 36 deseaba y pensaba:
Sí, allá voy; a mí me toca; es natural. Soy un enfermo, pero soy un galán, un caballero; sé mi deber; allá voy. Verás qué delicioso es, entre lágrimas, con perspectiva de muerte, ese amor que tú sólo conoces por libros y conjeturas. Allá voy, allá voy... si me deja la tos... ¡esta tos!... ¡Ayúdame, ampárame, consuélame! Tu mano sobre mi pecho, tu voz en mi oído, tu mirada en mis ojos...»
Amaneció. En estos tiempos, ni siquiera los tísicos son consecuentes románticos. El número 36 despertó, olvidado del sueño, del dúo de la tos.
El número 32 acaso no lo olvidara; pero ¿qué iba a hacer? Era sentimental la pobre enferma, pero no era loca, no era necia. No pensó ni un momento en buscar realidad que correspondiera a la ilusión de una noche, al vago consuelo de aquella compañía de la tos nocturna. Ella, eso sí, se había ofrecido de buena fe; y aun despierta, a la luz del día, ratificaba su intención; hubiera consagrado el resto, miserable resto de su vida, a cuidar aquella tos de hombre... ¿Quién sería? ¿Cómo sería? ¡Bah! Como tantos otros príncipes rusos del país de los ensueños. Procurar verle... ¿para qué?
Volvió la noche. La del 32 no oyó toser. Por varias tristes señales pudo convencerse de que en el 36 ya no dormía nadie. Estaba vacío como el 34.
En efecto; el enfermo del 36, sin recordar que el cambiar de postura sólo es cambiar de dolor, había huido de aquella fonda, en la cual había padecido tanto... como en las demás. A los pocos días dejaba también el pueblo. No paró hasta Panticosa, donde tuvo la última posada. No se sabe que jamás hubiera vuelto a acordarse de la tos del dúo.
La mujer vivió más: dos o tres años. Murió en un hospital, que prefirió a la fonda; murió entre Hermanas de la Caridad, que algo la consolaron en la hora terrible. La buena psicología nos hace conjeturar que alguna noche, en sus tristes insomnios, echó de menos el dúo de la tos; pero no sería en los últimos momentos, que son tan solemnes. O acaso sí.

Leopoldo Alas, "Clarín"

28 abril 2007

Sólo tenemos un instante para el miedo


El Hombre que aprendió a ladrar

Imagen: jealous of Marley I guess


Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desalineamiento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacer algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Qué lo había impulsado a ese adiestramiento? Ante sus amigos se autoflagelaba con humor: "La verdad es que ladro por no llorar". Sin embargo, la razón más valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. Amor es comunicación.

¿Cómo amar entonces sin comunicarse?

Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido por Leo, su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se entendian, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta y dialogaban sobre temas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.

Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: "Dime, Leo, con toda franqueza: ¿qué opinás de mi forma de ladrar?". La respuesta de Leo fue bastante escueta y sincera: "Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano."




Mario Benedetti
Del libro Despistes y franquezas.
La Página de los Cuentos

Recuerdos de un 14 de abril


Para conmemorar el 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República española (14 de abril de 1931) reproducimos este dramático texto de Antonio Machado, escrito en plena Guerra Civil, el 14 de abril de 1937.


Desde aquel día -no sé si vivido o soñado- hasta el día de hoy, en que vivimos demasiado despiertos y nada soñadores, han transcurrido seis años repletos de realidades que pudieran estar en la memoria de todos. Sobre esos seis años escribirán los historiadores del porvenir muchos miles de páginas, algunas de las cuales, acaso, merecerán leerse. Entre tanto, yo los resumiría con unas pocas palabras. Unos cuantos hombres honrados, que llegaban al poder sin haberlo deseado, acaso sin haberlo esperado siquiera, pero obedientes a la voluntad progresiva de la nación, tuvieron la insólita y genial ocurrencia de legislar atenidos a normas estrictamente morales, de gobernar en el sentido esencial de la historia, que es el del porvenir. Para estos hombres eran sagradas las más justas y legítimas aspiraciones del pueblo; contra ellas no se podía gobernar, porque el satisfacerlas era precisamente la más honda razón de ser de todo gobierno; y estos hombres, nada revolucionarios, llenos de respeto, mesura y tolerancia, ni atropellaron ningún derecho ni desertaron de ninguno de sus deberes. Tal fue, a grandes rasgos, la segunda gloriosa República Española, que terminó, a mi juicio, con la disolución de las Cortes Constituyentes [con la victoria de la derechista CEDA en las elecciones de 1933]. Destaquemos este claro nombre representativo: Manuel Azaña.
Vinieron después los días de laboriosa y pertinaz traición, dentro de casa. Aquellos hombres nobilísimos, republicanos y socialistas, habían interrumpido ingenuamente toda una tradición de picarismo, y la inercia social tendía a restaurarla. Fueron más de dos años tan pobres de heroísmo, en la vida burguesa, como ricos en anécdotas sombrías. Un político nefasto, un verdadero monstruo de vileza, mixto de Judas Iscariote y caballo de Troya, tomó a su cargo el vender –literalmente y a poco precio- a la República, al dar acogida en su vientre insondable a los peores enemigos del pueblo. A esto llamaban los hombres de aquellos días: ensanchar la base de la República. Destaquemos un nombre entre los viles que los represente a todos: Alejandro Lerroux.

Pero la traición fracasó dentro de casa, porque el pueblo despierto y vigilante, la había advertido. Y surgió la República actual, la más gloriosa de las tres –digámoslo hoy valientemente, porque dentro de veinte años lo dirán a coro los niños de las escuelas-; surgió la tercera República Española con el triunfo en las urnas del Frente Popular. Volvían los mismos hombres de 1931, obedientes al pueblo, cuya voluntad legítimamente representaban; y otra vez traían un mandato del pueblo, que no era precisamente la revolución social, pero sí el deber ineludible de no retroceder ante ningún esfuerzo, ante ningún sacrificio, si la reacción vencida intentaba nuevas y desesperadas traiciones. Y surgió la rebelión de los militares, la traición madura y definitiva que se había gestado durante años enteros. Fue uno de los hechos más cobardes que registra nuestra historia. Los militares rebeldes volvieron contra el pueblo todas las armas que el pueblo había puesto en sus manos para defender a la nación, como no tenían brazos voluntarios para empuñarlas, los compraron al hambre africana, pagaron con oro, que tampoco era suyo, todo un ejército de mercenarios, y como esto no era todavía bastante para triunfar ante un pueblo casi inerme, pero heroico y abnegado, abrieron nuestros puertos y nuestras fronteras a los anhelos imperialistas de dos grandes potencias europeas. ¿A qué seguir?… Vendieron a España. Pero la fortaleza de la tercera República sigue en pie. Hoy la defiende el pueblo contra los traidores de dentro y los invasores de fuera, porque la República, que empezó siendo una noble experiencia española, es hoy España misma. Y es el nombre de España, sin adjetivos, el que debemos destacar en este 14 de abril de 1937.


Antonio Machado
Sin Permiso

18 abril 2007

Cosas nuestras: El Refranero.


Imagen de Oscar Vall Gallen "Banyoles"

"Pasar una noche toledana".


Dícese de aquella persona que no ha podido dormir por preocupaciones o molestias.

Noche toledana aparece recogida en el Diccionario de la Real Academia Española desde la primera edición, de 1734, como: «La que se pasa sin dormir», acepción que ha permanecido invariable aun cuando resulta incompleta, ya que quien la utiliza lo que está indicando es que el motivo por el que no se duerme es algo malo, o al menos fastidioso.

El origen, incierto, podría estar fundamentado en la importancia ndudable que durante la Edad Media y los siglos XV, XVI y XVII tuvo la ciudad de Toledo como centro cultural, religioso y mercantil y que justificaría cualquier referencia a este núcleo urbano. Entre las explicaciones más repetidas se mencionan desde la matanza ordenada por el valí (gobernador) de Toledo en el siglo IX para acabar con un grupo de conspiradores hasta ciertas costumbres galantes propias de la noche de San Juan, aunque quizás la más realista sea la que lo atribuye a la mezcla explosiva de calor y mosquitos en las noches de verano de los sufridores toledanos y que, evidentemente, está reñida con el descanso.



Ref.: El porqué de los dichos, de José María Iribarren y Dichos y frases hechas, de José Calles y Belén Bermejo


Fundéu

El Viejo Topo. Treinta años después.

Título del libro:
EL VIEJO TOPO.
TREINTA AÑOS DESPUÉS

Antología facsímil a cargo de Jordi Mir
de textos publicados entre 1976 y 1982
Prólogo de Francisco Fernández Buey
Epílogo de Miguel Riera


Se han cumplido ya 30 años de la aparición de El Viejo Topo. La revista irrumpió en los quioscos en noviembre de 1976, tras casi dos años de peleas con el Ministerio de Información para conseguir el imprescindible permiso. Para sorpresa de todos, el éxito fue fulminante. Se alcanzó rápidamente una tirada (real) por encima de 30.000 ejemplares, con picos que alcanzaron los 50.000.
¿Las causas? Seguramente su contenido, tan radical como plural; la priorización del debate por encima del axioma dogmático; la apertura a los entonces nuevos movimientos (feminismo, ecologismo, liberación sexual, etc.); el tratamiento de la cultura y la contracultura; el respeto a la disidencia; un diseño entonces tan innovador que consiguió el premio Laus...
No fue, sin embargo, un camino de rosas: las visitas a los juzgados fueron frecuentes (por atentar a la seguridad interna del Estado, nada menos); los secuestros de ejemplares por la policía, el pan nuestro de cada día; alguna amenaza de bomba; y, para rematar la faena, el intento de captura de uno de sus co-directores por parte de un grupo paramilitar armado el día del tejerazo. Al final, sin embargo, todo quedó en agua de borrajas y la revista prosiguió su andadura.
Ahora, para celebrar esos treinta años, Jordi Mir ha efectuado una antología con algunos de los textos más interesantes de aquellos años, que se reproducen aquí en edición facsímil.
Son textos que dibujan, mejor que cualquier ensayo, cómo éramos y cuáles eran nuestros sueños en aquellos creativos y vibrantes años setenta. Y que también nos muestran el tamaño de la derrota.

15 abril 2007

El retorno a la barbarie en el siglo XXI

El retorno a la barbarie en el siglo XXI (premio Femina 2005) es un ensayo de denuncia y alerta que repasa los principales conflictos históricos del siglo XX y sus derivaciones no siempre previstas: conflictos con respecto a las tecnologías nucleares, epidemias, guerras bacteriológicas, terrorismo. Se trata de un libro de suma actualidad; pertinente, por los temas que profundiza, arriesgado, por las líneas explicativas que propone; agudo, por los elementos que ofrece para responder a la crucial pregunta acerca de cuáles son las ideas que nuestras sociedades deberían arriesgarse a defender.

13 abril 2007

07 abril 2007

Una vez soñé...


Imagen de Kathleen Fox "Transmutation du langage"
Un cuento de :


Collombet (10 años):

"Un esqueleto vino a decirme:..." (*) Un esqueleto vino a decirme: Voy a tomarte porque hace mucho tiempo que vives, pequeño. Voy a tomar una horca para llevarte con el diablo. Una vez que llegamos a la casa del diablo, no había demasiado lugar para mí. El diablo dijo: Ya que no hay demasiado lugar, te voy a devorar. En el vientre del diablo, vi que estaba lleno de niños. Pero el diablo dijo: Ya no puedo respirar. Me dijo: Sal de mi vientre, pequeño monstruo. Y ahora, vete a la tierra. El esqueleto volvió para decirme que era necesario que me
despertara. Mi sueño había terminado.

Duval (11 años):

"Una vez soñé..." Una vez soñé que estaba en mi cuarto. De repente, mis botas se deslizaron por el parquet, subieron a la
pared. Cuando llegaron a lo alto de la pared, les grité: Mándenme cartas postales. Y una vez que subieron, de
repente ví diablos rojos en la pared que tenían largas orejas. Se me tiraron encima, saltaron sobre mi cama. Uno solo se
sentó en el sillón. El sillón giró hacia la pared y la pared se tragó al diablo rojo, y a los otros el parquet. El último se trepó a la pared. Tomé una antorcha y se la arrojé. La tomó y se fue.


Lazare (11 años):

"Un día soñé que un perro..." Un día soñé que un perro había venido a buscarme para matar ratas. Tomé un zueco y pateé una rata hasta que murió. Entonces el perro tomó a la rata y la sepultó en la tierra y puso flores amarillas y rosas marchitas, y las regó, a pesar de su indigencia




Traducción: Juan Carlos Otaño.

(*) "Un squelette vint me dire..."/"Une fois j'ai rêvé que..."/"Un jour j'ai rêvé qu'un chien..." Sueños comunicados por J. Baucomont, publicados en «La Révolution Surréaliste», nº 3, París, 15 de abril de 1925 (pág.2).


Archivosurrealista.com

Charles Bukowski: No hay camino al paraiso

Imagen de Saturnino Espin "Hombre bien conservado (autorretrato 2006)"
Texto de Charles Bukowski. Se busca a una mujer.


Yo estaba sentado en un bar de Western Avenue. Era alrededor de medianoche y me encontraba en mi habitual estado de confusión. Quiero decir, bueno, ya sabes, nada funciona bien: las mujeres, el trabajo, el ocio el tiempo, los perros... Finalmente sólo puedes ir y sentarte atontado, totalmente noqueado, y esperar; como si estuvieses en una parada de autobús aguardando la muerte.
Bueno, pues estaba allí sentado y aquí entra una con el pelo largo y moreno, un bello cuerpo y tristes ojos marrones. No dí la vuelta para mirarla, seguí con mi vaso. La ignoré incluso cuando vino y se sentó a mi lado a pesar de que todos los demás asientos estaban acíos. De hecho, éramos las únicas personas que había en el bar sin contar al encargado. Pidió un vino seco. Entonces me preguntó lo que estaba bebiendo.

-Escocés con agua -contesté

-Y sírvale al señor un escocés con agua -le dijo al barman.

Bueno, eso no era muy normal.

Abrió su bolso, cogió una pequeña jaula, sacó de ella unos hombrecitos y los puso sobre la barra. Tenían alrededor de diez centímetros de altura, estaban apropiadamente vestidos y parecían tener vida. Eran cuatro: dos mujeres y dos hombres.

-Ahora los hacen así -dijo ella-. Son muy caros. Me costaron cerca de 2000 dólares cada uno cuando los compré. Ahora ya valen cerca de 2400. No conozco el proceso de fabricación pero probablemente sea ilegal.

Estaban paseando sobre la barra. De repente, uno de los hombrecitos abofeteó a una de las pequeñas mujeres.

-¡Tú, perra! -dijo-. No quiero saber nada más de ti.

-¡No, George, no puedes hacerme esto! -gritaba ella llorando-. ¡Yo te amo! ¡Me mataré! ¡Te necesito!

-No me importa -dijo el hombrecito, y sacó un minúsculo cigarrillo, encendiéndolo con gesto altivo—. Tengo derecho a hacer lo que se me dé la gana.

-Si tú no la quieres -dijo el otro hombrecito -yo me quedo con ella, yo la amo.

-Pero yo no te quiero a ti, Marty. Yo estoy enamorada de George.

-Pero él es un cabrón, Anna, un verdadero cabronazo.

-Lo sé, pero le amo de todos modos.

Entonces el pequeño cabrón se fue hacia la otra mujercita y la besó.

-Creo que se me está formando un triángulo -dijo la señorita que me había invitado al whisky–. Te los presentaré. Ese es Marty, y George, y Anna y Ruthie. George va de bajada, se lo hace bien. Marty es una especie de cabeza cuadrada.

-¿No es triste mirar todo esto? Eh... ¿Cómo te llamas?

-Dawn. Un nombre horrible, pero eso es lo que a veces les hacen las madres a sus hijos.

-Yo soy Hank. ¿Pero no es triste...?

-No, no es triste mirar todo esto. Yo no he tenido mucha suerte con mis propios amores, una suerte horrible, a decir verdad.

-Todos tenemos una suerte horrible.

-Supongo que sí. De todos modos, me compré estos hombrecitos y ahora me entretengo en mirarlos, es como no tener ninguno de los problemas, pero tenerlo todo presente. Lo malo es que me pongo terriblemente caliente cuando empiezan a hacer el amor. Es la parte más difícil para mí.

-¿Son sexys?

-¡Muy, muy sexys. Dios, me ponen de verdad caliente!

-¿Por qué no los pones a que lo hagan? Quiero decir, ahora mismo.

Podremos mirarlos juntos.

-Oh, no se pueden manejar, tienen que ponerse a hacerlo por su cuenta.

-¿Y lo hacen a menudo?

-Oh, son bastante buenos. Lo hacen cerca de cuatro o cinco veces por semana.

Mientras tanto, ellos paseaban por la barra.

-Escucha -decía Marty-, dame una oportunidad. Sólo dame una oportunidad, Anna...

-No -decía la pequeña Anna-, mi amor pertenece a George. No puede ser de otra manera.

George estaba besando a Ruthie, acariciando sus pechos. Ruthie estaba empezando a calentarse.

-Ruthie está empezando a calentarse -le dije a Dawn.

-Sí que lo está. Está empezando de verdad.

Yo también me estaba poniendo cachondo. Abracé a Dawn y la besé.

-Mira -dijo ella-, no me gusta que hagan el amor en público. Me los voy a llevar a casa y que lo hagan allí.

-Pero entonces no podré verlo.

-Bueno, sólo tienes que venir conmigo y podrás.

-De acuerdo -dije- vámonos.

Acabé mi bebida y salimos juntos. Ella llevaba a los hombrecitos metidos en la jaula. Subimos al coche y los pusimos entre nosotros en el asiento delantero. Miré a Dawn. Era realmente joven y bella. Parecía también inteligente. ¿Cómo podía haber fracasado con los hombres? Bueno, había tantos modos de fracasar unas relaciones... Los hombrecitos le habían costado 8000 dólares. Todo eso sólo para alejarse de las relaciones sexuales sin alejarse de ellas. Su casa estaba cerca de las colinas, un sitio agradable. Salimos del coche y fuimos hacia la puerta. Yo llevaba a la gentecilla en la jaula mientras Dawn abría la puerta.

-Estuve oyendo a Randy Newman la semana pasada en el Trobador. ¿Verdad que es grande? -me preguntó.

-Sí que lo es -contesté.

Entramos y Dawn abrió la jaula y los sacó y los puso sobre la mesita de café. Entonces se metió en la cocina y abrió el refrigerador y sacó una botella de vino. La trajo en compañía de dos copas.

-Perdona -dijo-pero pareces un poco chiflado. ¿En qué trabajas?

-Soy escritor.

-¿Y vas a escribir algo acerca de esto?

-Nunca se lo creerá nadie, pero lo escribiré.

-Mira -dijo Dawn -George le ha quitado las bragas a Ruthie. Le está metiendo el dedo. ¿Un poco de hielo?

-Sí, ya lo veo. No, no quiero hielo. El tío va bien derecho.

-No sé -dijo Dawn-, pero de verdad que me pone cachonda el mirarlos. Quizás es porque son tan pequeños. Realmente me calientan.

-Entiendo lo que quieres decir.

-Mira, George la está tumbando, se lo va a hacer.

-Sí, allá van.

-¡Míralos!

-¡Dios o la puta!

Abracé a Dawn. Coimenzamos a besarnos. Cuando parábamos, sus ojos pasaban de mirarme a mí a mirar a los hombrecitos fornicando, y luego volvía a mirarme de nuevo a los ojos. Yo seguía siempre su mirada.

El pequeño Marty y la pequeña Anna también estaban mirando.

-Mira -decía Marty-, ellos lo están haciendo. Nosotros deberíamos hacerlo también. Incluso las personas grandes van a hacerlo. ¡Míralos!

-¿Oíste eso? -le pregunté a Dawn-. Ellos dicen que vamos a hacerlo, ¿es verdad eso?

-Espero que sea verdad -dijo Dawn.

La tumbé sobre el sofá y le subí la falda por encima de los muslos. La besé a lo largo del cuello.

-Te amo -dije.

-¿De verdad? ¿De verdad?

-Sí, de alguna manera, sí...

-De acuerdo -dijo la pequeña Anna al pequeño Marty- podemos hacerlo nosotros también, pero que quede claro que yo no te quiero.

Se abrazaron en medio de la mesita de café. Yo le había quitado ya a Dawn las bragas. Dawn gemía. La pequeña Ruthie gemía. Marty se la metió por fin a la pequeña Anna. Estaba pasando en todas partes. Me pareció como si toda la gente del mundo estuviese haciéndolo. Entonces me olvidé de toda la otra gente del mundo. Nos fuimos al dormitorio y allí se la metí a Dawn en una larga y tranquila cabalgada...

Cuando ella salió del baño yo estaba leyendo una estúpida historia en el Playboy.

-Estuvo tan bien -dijo.

-Fue un placer -contesté.

Se volvió a meter en la cama conmigo. Dejé la revista.

-¿Crees que nos lo podemos hacer juntos? -me preguntó.

-¿Qué quieres decir?

-Quiero decir que si tú crees que podemos seguir así, juntos, durante algún tiempo.

-No sé. Las cosas ocurren. El principio siempre es lo más fácil.

Entonces escuchamos un grito proveniente de la salita. «Oh oh», dijo Dawn. Se levantó y salió corriendo de la habitación. Yo la seguí.

Cuando llegué, ella estaba sosteniendo a George en sus manos.

-¡Oh, Dios mío!

-Qué ha pasado?

-Anna se lo hizo.

-¿Qué le hizo?

-¡Le cortó las pelotas! ¡George es un eunuco!

-¡Uau!

-¡Tráeme algo de papel higiénico, rápido! ¡Se está desangrando!

-Ese hijo de puta -decía la pequeña Anna desde la mesita de café -si yo no puedo tener a George, nadie lo tendrá.

-¡Ahora las dos me pertenecéis! -dijo Marty.

-Ah no, tienes que elegir una de nosotras -dijo Anna.

-¿A cuál prefieres? -preguntó Ruthie.

-Yo os amo a las dos. dijo Marty.

-Ha parado de sangrar -dijo Dawn -se está quedando frío.

Envolvió a George en un pañuelo y lo puso sobre el mantel.

-Quiero decir -dijo Dawn -que si tú crees que lo nuestro no va a funcionar, no quiero seguir por más tiempo.

-Creo que te amo, Dawn -dije.

-Mira -dijo ella-. ¡Marty está abrazando a Ruthie!

-¿Crees que van a hacerlo?

-No sé. Parecen excitados.

Dawn cogió a Anna y la metió en la pequeña jaula.

-¡Dejadme salir! ¡Los mataré a los dos! ¡Dejadme salir! -gritaba.

George gimió desde el interior del pañuelo sobre el mantel. Marty le había quitado las bragas a Ruthie. Yo me atraje a Dawn. Era joven, bella e inteligente. Podía volver a estar enamorado. Era posible. Nos besamos. Me sumergí en sus grandes ojos marrones. Entonces me levanté y eché a correr. Sabía donde estaba. Una cucaracha y un águila hacían el amor. El tiempo era un bobo con un banjo. Seguía corriendo. Su larga cabellera me caía por la cara.

-¡Mataré a todo el mundo! -gritaba la pequeña Anna. Se agitaba sacudiendo su jaula de alambre a las tres de la madrugada.

La Insignia

06 abril 2007

En primera instancia

Texto de Rafael Reig "El Cultural"

Ningún autor en su sano juicio pretende cobrar derechos si un libro lo lee más de una persona.


Han sido vistas las diligencias seguidas contra Doña Carmen Calvo y ha sido probado y así se declara como:

HECHOS PROBADOS 1.- Que Dª. Carmen finalmente se ha rendido ante la Unión Europea y ha incluido el canon por préstamo para las bibliotecas públicas. Que por tanto las bibliotecas públicas deberán abonar 20 céntimos adicionales por cada ejemplar que compren. Se calcula que esto supondrá un gasto de 1.400.000 euros anuales. Ítem más: que dicha cantidad se repartirá entre autores (70%) y editores (30%). 2.-Que Dª. Carmen ha dicho que “en ningún caso se le cargará al ciudadano a través de las bibliotecas públicas dicho canon porque lo pagará, si no hay otra alternativa, el propio Ministerio”. Ítem plus: que el coste del canon finalmente lo asumirán el Ministerio de Cultura y las Comunidades, pero insiste en que no lo pagará el ciudadano, de lo que debe concluirse que el Ministerio de Cultura y las Comunidades tienen fuentes de financiación secretas (acaso turbias) a través de las cuales obtienen ingresos que no proceden “en ningún caso” de los contribuyentes. 3.-Que, si bien dicho canon pretende proteger los derechos de los autores, más de cien escritores han expresado públicamente su rechazo al canon por préstamo bibliotecario, entre ellos: Juan Madrid, Belén Gopegui, Mateo Díez, Rosa Regás, Isaac Rosa, Maruja Torres, Martín Garzo, etc.

FUNDAMENTOS DE DERECHO Los hechos probados son constitutivos del delito de maquinación para impedir la lectura. Las bibliotecas adquieren libros y, al hacerlo, ya satisfacen los correspondientes derechos de autor. Este canon añadido graba, por tanto, el préstamo. Es decir, penaliza la posibilidad de que un libro tenga varios lectores, que es precisamente el único objetivo y la verdadera razón de ser de las bibliotecas. Ningún autor en su sano juicio pretende cobrar derechos si un mismo libro lo lee más de una persona o incluso si una misma persona lo lee dos veces, y todos los escritores reconocen la decisiva importancia de las bibliotecas públicas para promover la lectura y elevar el nivel cultural de una sociedad. El canon por préstamo es un indudable ataque frontal a la cultura y al interés público, en beneficio de la codicia mercantilista y el lucro privado que caracterizan el espíritu de la Unión Europea. En lugar de promover el uso público y compartido de los libros y la multiplicación del número de lectores de cada libro, el canon penaliza el libre acceso al patrimonio cultural y lesiona gravemente los intereses de los autores y de los lectores. El asombroso convencimiento de Dª. Carmen de que el dinero del Ministerio no es dinero de los ciudadanos roza también lo delictivo: ¿habrá creído acaso que es suyo? ¿Lo obtiene el Ministerio de donantes anónimos o de inconfesables negocios que lleva a cabo? ¿Lo transfieren con generosidad ciudadanos de otros países? Las consecuencias de esta medida, por otra parte, deteriorarán más si cabe la red bibliotecaria española, ya que se dispondrá de menos presupuesto para la adquisición de libros y es más que probable que perjudique a los autores menos comerciales, toda vez que la política de compras de las bibliotecas tenderá a preferir los libros de mayor circulación. Si parece razonable que haya que pagar para adquirir un libro, resulta en cambio desorbitado que se imponga un canon, como si fuera una sanción o una multa, por el simple hecho de leer un libro de una biblioteca pública. ¿Habrá que pagar también por tararear una canción en la ducha? ¿Por recitarle un poema a tu novia de un libro que ella no ha comprado? ¿Por leer en el autobús por encima del hombro de otro pasajero? ¿Hasta dónde pretenden llegar?

ACUERDO Que debo condenar y condeno a Dª. Carmen Calvo, como autora de un delito de maquinación para impedir la lectura, a la pena de cambiar una preposición en el nombre de su Ministerio, que pasará a llamarse Ministerio contra la Cultura; con la pena accesoria de declarar públicamente cada semana los libros (también valen tebeos) que hubiere leído, aportando un resumen y valoración de los mismos redactado por ella misma ante testigos. Otrosí: dichos documentos se publicarán en las más prestigiosas revistas humorísticas de la nación.

Así lo pronuncio, mando y firmo.

Texto encontrado en Rebelión

Recordándote: a Miguel Hernández en el aniversario de su muerte (28 de marzo de 1942)

Óleo de Ramón Fernández "El lápiz de Miguel"
Poema de Miguel Hernández

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..

No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina.

Seguimos luchando...

CQC contra el "Canon"



Arcadi Espada y el canon


Arcadi Espada, según publica El Mundo y reproduce ACAM, ha dado rienda suelta a toda su ira contra aquellos que se oponen al canon. Concretamente ha dicho:

"Como cualquier otro impuesto el canon tiene rasgos de injusticia: pero el que paguen justos por pecadores es el rasgo clave de cualquier medida impositiva. Contra él se han alzado en bullicioso tropel la necedad, que es lo más liberal que existe; la aplicación de la línea general estalinista: si lo hace el Gobierno, malo será, y la digitación juvenil vigente, esa suerte de pickpockets de 20, de 30, de 40, y ¡hasta de 60! años, jóvenes todos, que aspiran a jubilarse (y van a conseguirlo: ivaya si van a conseguirlo[) sin haber tenido que pagar nada por nada. La generación del gratis total, que entiende la vida como un grifo que se abre y mana, sin más plan, y para la que el principal rasgo de la sociedad virtual es el de la desaparición del proceso, es decir, del sudor y del dolor, sustituido por la mágica emulsión del objeto".

Cada cual puede opinar lo que quiera, lo malo es que cuando llamas necios a los que no comparten tu opinión hay que asegurarse bien de que esa opinión tuya no se basa en un error. Es decir, si vas a criticar a los que se oponen al canon, sobre todo si lo haces tan duramente y desde un periódico que no leen precisamente cuatro gatos, no estaría de más que, al menos, supieras qué demonios es el canon y qué pretende remunerar éste. Dice Arcadi que el canon es "la respuesta a un paisaje fácil de explicar y de entender: el aumento de la facilidad de copia y disfrute de la obra original y la evidencia de que entre los países desarrollados España es uno de los más satisfecha y orgullosamente piratas".

Es un error muy común el de pensar que el canon pretende reparar los daños ocasionados por la piratería. Es decir, el canon sanearía de alguna manera una ilegalidad, siendo la solución eficaz y equilibrada a esa situación. Independientemente de lo que podamos opinar sobre esa conclusión, lo importante es que se basa en una premisa que es simple y llanamente falsa.

Tal y como indica el artículo 25, en relación con el 31.2, de la LPI, el canon remunera exclusivamente la realización de copias privadas y, por lo tanto, copias que están dentro de la legalidad. Es decir, no tiene su origen ni en la piratería ni en la reparación o compensación por ninguna otra ilegalidad. El canon, por tanto, no sanea ni deja dentro de la legalidad aquellas copias que no entran en la definición de copia privada. Mientras el canon ha ido expandiéndose cada vez más, la copia privada se ha restringido hasta tal punto que son poquitas, muy poquitas, las copias que se hacen en este país y que puedan ya considerarse, al menos sin discusión, privadas. Se paga más y, al mismo tiempo, te dejan hacer cada vez menos.

ACAM, ni que decir tiene, publica todas aquellas opiniones que carguen contra los que ellos consideran sus enemigos. Curiosamente ayer publicó la opinión de la Ministra de Cultura. Las palabras de ésta fueron tan del agrado de esa asociación que las puso de titular. El titular fue: ‘El canon no lo paga el ciudadano ni es un impuesto ni sirve para paliar la piratería’. Justito lo contrario de lo que hoy ha dicho Espada. Pero qué más da que uno de ellos esté en un error. Ambos están a favor del canon, así que se publica y ya está. Que seamos conscientes de que las razones de uno de ellos parta de un error, es lo de menos si es de nuestro bando. El error se expandirá, pero lo que importa es el mensaje de fondo: que los de la Internet esa son unos piratas que lo quieren todo gratis. Eso es lo que tiene que quedar claro, y quien quiera que lo diga, aunque no tenga ni idea, tendrá su espacio en esa página web.

David Bravo

22 marzo 2007

El Nuevo Día



Imagen : tehranshake.files.wordpress.com/
Texto: Fuente Wikipedia en varios idiomas

En estos días se ha celebrado el año nuevo de muchas regiones del mundo. Regiones hoy calificadas negativamente según gran parte del mundo occidental pero que tienen más 3000 años de historia detrás de ellos.

El día 21 de marzo a la 1 y 7 minutos de la madrugada entramos oficialmente en la primavera aunque llevemos un tiempo viendo que la naturaleza ya lo había hecho. Mas bien, hemos p asado de otoño a primavera pero bueno no es lo que hoy quería contar.

En muchas Zonas del Mundo tales como Irán, Azerbaiyán, Afganistán, Pakistán, partes de India, de los kurdos o en Turquía y algunos países de Asia Central. Vamos en general todo lo que fue el imperio persa y su círculo de influencia. La entrada del equinoccio se considera el nacimiento del año. A esta festividad se la llama Noruz o Norouz (En español se pronunciara como la primera versión) se escribe نوروز en persa y significa nuevo dia en el persa moderno. La palabra viene del avestaní nava=nuevo + rəzaŋh=día/luz del día. Otros nombres que recibe la fecha son Nevruz o Bayram en turco y Newroz en kurdo

Noruz se ha celebrado durante al menos 3000 años y está fuertemente arraigado en los rituales y tradiciones del zoroastrismo.
Para los seguidores de la variante Fasli del calendario zoroástrico el Noruz es el primer día de su año. Otras variantes del calendario zoroástrico celebran el Noruz dos veces, una como el Jamshedi Noruz el 21 de marzo como el comienzo de la primavera, y un segundo Noruz en julio o agosto (ver Variaciones del Calendario Zoroástrico).
Los seguidores de la Fe Bahá'í, una religión originada en Irán, celebran este día (llamándolo "Naw Rúz") como una festividad religiosa que marca el año nuevo segundo el calendario Bahá'í y también el final del Ayuno de los Nueve Días. Los bahaíes persas observan muchas costumbres relacionadas con él, pero los bahaíes de otros lugares lo celebran como un día festivo de acuerdo con las costumbres locales. Las comunidades bahaíes americanas, popr ejemplo, suelen tener una comida sin cumplidos, junto a oraciones y lecturas de la escritura bahaí. Mientas que el Naw Rúz, de acuerdo con la escritura, comienza en el equinoccio de primavera, los bahaíes lo celebran el 21 de marzo, independientemente del día en el que caiga el equinoccio. Ese día no pueden trabajar ni asistir a la escuela.
En la antigüedad todos los países y regiones de la Persia acudían a la ciudad ceremonial de Persepolis a llevar los presentes por el año nuevo al rey persa. Todos ellos están esculpidos en los pasillos y escaleras de los restos de la ciudad hoy en día patrimonio de la humanidad por la UNESCO.
Los eventos relacionados con este año nuevo según los persas son por orden la decoración del Haftsin, Chahârshanbe Sûrî, Sizdah Bedar, etc.
El primero podría entenderse como la decoración del árbol de navidad o la colocación del Belén para los cristianos. Se trata de una mesa en la que no pueden faltar 7 (haft) objetos que empiecen su nombre por “S” (Sin) de ahí su nombre. Normalmente esos objetos son:

sabzeh – Algun brote verde- simboliza el renacimiento
samanu – Una especie de “natilla” muy dulce – simboliza la afluencia
senjed – el fruto seco comestible del árbol del paraíso - simboliza el amor
sîr - ajo – simboliza la medicina
sîb – manzanas (rojas a ser posible) - simboliza la belleza y la salud
somaq – fruto del sumac – Simboliza el color de la sonrisa
serkeh - vinagre – simboliza la edad y la paciencia
Otros objetos que suelen haber:
Sonbol – Jacinto
Sekkeh - Monedas -
Dulces tradicionales como el baghlava, naan-nokhodchi, etc.
Frutos secos
Velas – simboliza luz y felicidad
Espejo – Vease monedas
Huevos decorados – simbolizando la fertilidad
Un poco de agua con algo rojo dentro, normalmente un goldfish (Vida dentro de la vida, y el símbolo de piscis que se abandona)
Agua con una naranja flotando en su interior como simbolo del mundo flotando en el espacio
Agua de rosas – Poder purificador
Un libro sagrado de segun la fe que se tenga. O en su defecto un libro de poesia como el Divan de Hafez del que se leen extractos o el Shahnama donde su protagonista es el Heroe Rostam (como hercules)

Chahârshanbe Sûrî
Es la noche previa al ultimo miércoles del año. En esta noche se celebra que la luz vence a la oscuridad y es una tadicion remontada a la epoca de Zoroastro. Se suelen hace fuegos y saltar sobre ellos mientras se canta (san juan en españa). Como todas las festividades regionales se reparten dulces tradicionales y frutos secos. Esa noche somos visitados por nuestros ancestros.

Khane Tekani
Con la llegada del nuvo año se intenta purificar la casa y por ello se limpia exageradamente la casa. Es como una mudanza a tu nueva casa que es la misma pero esta vez limpia de todo lo oscuro que la llenaba. Se renace en la casa. Para ello hasta las ropas puestas en las festividades ha de ser nueva. Todo tiene que estar reluciente. Después de la gran limpieza de cuerpo, mente y hogar se procedera a la colocacion del Haftsin.

Sizdah Bedar
Se traduce como el “decimotercero a la puerta”, trece días después de la fiesta de fin de año se acaban las festividades y este día se celebra tirando el sabze el haftsin en algún río o mar para que el agua se lo lleve. Este día es muy celebrado y se canta y baila en todos lados. Durante estos 13 días el sabze ha recogido todo lo enfermizo y malo que nos va a ocurrir ese año por eso es tan importante expulsarlo.

Un personaje famoso durante estas celebraciones es Amo noruz que es quien nos trae los regalos a los peques de la casa. Si, yo quiero regalo y soy peque que pasa? No puedo? Jajajaja Hâjji Fîrûz es otro de los personajes, este es más cómico. Representa el dios sumerio del sacrificio. En los teatros suelen haber actuaciones donde el “trabajador Firuz” ironiza a su señor. Suele ir pintado de negro y vestirse de color rojo. Hasta en las calles se montan pequeños escenarios con mayor o menos éxito y calidad representando esta escena. Aunque su raíz es mucho mas simbólica y mística.

04 marzo 2007

Compañero del viento


Texto: Mortezá Kají
Imagen: Portada de su libro Ed. del oriente y mediterráneo

Un vuelo en el firmamento de la poesía de Kiarostami.


Aunque alegre y riendo he nacido de la inexistencia
el amor me enseñó a reír de otra forma

Rumi

La característica fundamental del cine de Kiarostami es el modo de ver y mostrar. La poesía de Kiarostami es la continuación natural evolucionada de su cine, donde naturaleza y destino se unen, se evita la presunción de enseñar al interlocutor y no se aspira a un estrato superior, la maestría en el trabajo. La esencia de su poesía reside en la misma sencillez, sinceridad y precisión. En este sentido llega a niveles a los que no necesariamente podría llegar con el cine. ¿Por qué?

Primero: En los horizontes transparentes y libres de la poesía, él está solo y puede poetizarse a sí mismo tal y como es. Ya no se ve limitado por las dimensiones fatales del campo de las producciones audiovisuales. Las leyes férreas de la naturaleza no obstaculizan su camino. La presión del capital no lo limita, las personas y los medios de la industria de producción no suponen impedimentos. En el universo de la poesía, para registrar sus producciones, sólo necesita la pluma y el papel, y nada más. Cuando los conceptos paradójicos llegan a sus manos, él vierte estas fantasías del pensamiento en la lengua adecuada, la más sencilla y concisa del idioma, los deposita en el papel y la tarea concluye. Lo que se produce en poesía no es un intercambio con la gente, sino compañía, y, por ello, su poesía nace desnuda, libre, sencilla e inteligente, ajena a toda métrica que haría sufrir a la esencia pura de la lírica no recubierta de máscara. En su poesía no se da una visión, como en el cine, lujosa y adornada. No le preocupan las formas sencillas y complejas de los conceptos ni del idioma, ni las técnicas del medio, ni las ataduras del ritmo y de la rima. El material que hay en estas tiendas actualmente sirve para los que intentan presentar un concepto muy sencillo con elementos complejos y hacer que la nueva poesía sea más poética.

Segundo: Hace ya mucho tiempo que la época de la generosidad, la paciencia y la tolerancia cara a la manifestación verdadera y majestuosa, o bien falsa, de las formas ornamentales y las metáforas adoptadas para la comprensión del mensaje poético ha pasado y no se puede, ni se debe, esperar de las generaciones de hoy y de mañana que colaboren y se esfuercen por descifrar las dificultades léxicas y conceptuales de las cásidas de ritmo largo y complejo de Manucherí o de Jaganí. La poesía de hoy y de mañana, igual que la poesía del pasado, es concorde y adecuada a las necesidades del momento. Así pues, puede y debe ser como un relámpago que aparezca entre dos profundas y vastas oscuridades que se sitúan antes y después de aquel instante luminoso sorprendente y repentino. Esta clase de poesía es como una presencia breve y pura entre dos largas ausencias. El interlocutor futuro, sin paciencia y sin aguante, sólo tendrá la oportunidad de captar ese instante repentino y luminoso en su mente. Entonces, en un momento adecuado, se sentará y perseguirá el movimiento de ese instante y, con gusto, compondrá un poema como éste:

Siguiendo el espejismo
llegué al agua
sin sensación de sed

Se trata de un poema que está lejos del arcaísmo verbal y mitológico y del tecnicismo y, al contrario, lleno de sencillez y sinceridad. El interlocutor de esta poesía, el interlocutor de Kiarostami, igual que el de su cine, tiene un papel destacado y merecido respecto a aquello a lo que apunta la obra, lo cual significa respeto hacia el interlocutor a fin de que éste no sea consumidor como un mero consumidor sin voluntad. Kiarostami, en su escritura, en vez de responder o concluir fomenta en su interlocutor una interrogación parecida a la que se halla en los diálogos platónico-socráticos, y de este modo, sin sobornar al interlocutor, comparte con él el botín de su obra. Su pensamiento, que podría ser emotivo y tranquilo, se convierte en tormentoso e intelectual, de este modo advierte al interlocutor que la poesía es una pregunta continua, con un valor que se eleva por encima del reino de la palabra, y que el juego de las palabras es un fenómeno peligroso en el campo de la estética lírica.

Con la poesía de Kiarostami hay que intimar poco a poco y con calma, lo que exige comprender la necesidad de la poesía en el mundo actual. La suya no es una pieza literaria sin origen ni vínculos, es una obra inteligente, noble y con raíces. Se apoya en el ayer pero mira hacia el mañana y pasa por el sendero que será la vía válida para el futuro. La consolidación gradual de este tipo de poesía arroja a muchos versificadores o creadores de estilo fuera del campo de la poesía hacia el terreno del silencio y, al mismo tiempo, a muchos talentos silenciosos les pone una y dos palabras en la boca y les enseña a expresarse. La poesía mientras sea, hasta este punto, sencilla, desnuda e hija del tiempo no está pendiente de lo antiguo y lo moderno y, en vez de ello, se plantea lo genuino y lo absurdo. Si una poesía es genuina es nueva y seguirá siendo nueva, pero si es absurda, nace muerta. En el futuro no habrá oportunidad para dedicarse a la poesía mediocre y absurda.

En cuanto a la forma, para los que no tienen tiempo de concretar o carecen de aptitud crítica, es posible que les nazca la duda respecto a si esta clase de poesía es una imitación de otras, como el haiku o el josravaní del Irán de antes del Islam o los shatiat (dislates) de los místicos (tan semejantes estos dos últimos metros a la conocida estrofa japonesa), de los nuevos josravaníes de Ajaván Salés o cosas semejantes. Pero los exquisitos comprenden que este género literario, por próxima que esté a este tipo de poesía, es algo nuevo. Es indudable que los poemas de Karostami están vinculados a la cultura originaria de Irán y puede decirse que se acercan a los josravaníes por su forma y a los shatiat de los místicos por su contenido, con la diferencia de que estos dislates, que parten de un concepto metafísico, miran al cielo y sus versos son hijos de la tierra y plasman la historia de la vida.


Un potrillo blanco
viene de la niebla
y desaparece
en la niebla.
*
Nieva
nieva
nieva
el día se pone
nieva
noche
*
Huella de un transeúnte sobre la nieve
¿Algún trabajo lo ha requerido?
¿Volverá?
¿Por este mismo camino?
*
El cementerio
todo
nevado
sólo la nieve de tres losas
los tres jóvenes
se ha deshelado
*
Las nieves
se deshielan de pronto
y de pronto se borran
de los transeúntes las huellas
de la grande a la pequeña
*
La blancura de la paloma
se pierde en las nubes blancas
un día de nevada
*
El sonido del atabal
inquieta
a las amapolas de alrededor del camino
¿Van a volver acaso?
*
Cien soldados todos oído a la orden
van al dormitorio
una noche de luna en ciernes
Sueños rebeldes
*
Un pedacito de nieve
-recuerdo de un largo invierno-
la primavera en sus comienzos
*
Pensamientos amarillos
pensamientos violetas
juntos
y separados
*
La mujer del pelo blanco
contempla las florecillas del cerezo
¿Ha llegado tal vez la primavera de mi vejez?
*
Un viejo monje
aconseja
a los monjes jóvenes
entre los cerezos
os polluelos de un día
experimentaron
la primera lluvia de primavera
*
La mariposa gira en torno a sí misma
sin meta
bajo el suave sol de primavera
*
La primaveral brisa
hojea el cuaderno de deberes
un niño duerme
apoyado en sus manitas…
*
Un viejo monje
desayuna a solas,
el sonido de la tetera hirviendo



Estado de sitio



Texto extraido de: Por palestina, ediciones del oriente y memditerráneo
Imagen extraida de: http://www.document.no

Mahmud Darwish, el poeta enclaustrado en Ramala. Así lo designó Juan Goytisolo en un artículo donde reseña la visita de una delegación del Parlamento Internacional de Escritores del que forma parte a la ciudad de Ramala y a un poeta cercado, como sus tres millones de compatriotas, en una de esas ratoneras a las que se reduce actualmente la Autoridad Nacional Palestina.

En la propia Ramala, Mahmud Darwish compuso en enero de 2002 el poema Estado de sitio del que a continuación entresacamos algunos fragmentos. Después de sus palabras, una más sobraría.


***
Aquí, en la falda de las colinas, ante el ocaso
y las fauces del tiempo,
junto a huertos de sombras arrancadas,
hacemos lo que hacen los prisioneros,
lo que hacen los desempleados:
alimentamos la esperanza.

***
Vosotros, los que os habéis quedado en el umbral,
pasad,
tomaos con nosotros un café árabe
-acaso os sintáis seres humanos como nosotros-.
Vosotros, los que os habéis quedado en el umbral
de las casas,
largaos de nuestras mañanas,
necesitamos creernos
seres humanos como vosotros.

***
Cuando desaparecen los aviones, las palomas alzan
el vuelo,
blancas blancas, lavan las mejillas del cielo
con alas libres, y reconquistan la belleza y el reino
del aire y los juegos. Más y más alto vuelan
las palomas, blancas blancas. Ojalá el cielo
fuera auténtico -me dice un hombre que pasa
entre dos bombas.

***
Al asesino: Si hubieras visto el rostro de la víctima
te lo habrías pensado, te habrías acordado de
tu madre en la cámara
de gas, te habrías liberado de la razón del fusil
y habrías cambiado de idea: ¡así se recobra
la identidad!

***
Le ha dicho una mujer a la nube: cubre
a mi amado,
mojada está mi ropa de su sangre.

***

Si no eres lluvia, mi amor,
sé árbol
cubierto de frutos... Sé árbol,
y si no eres árbol, mi amor,
sé piedra
cubierta de humedad... Sé piedra,
y si no eres piedra, mi amor,
sé luna
en el sueño de la amada... Sé luna.
(Así le dijo una mujer
a su hijo en su entierro.)

***
Bajo sitio, el tiempo se hace espacio,
fósil eternidad.
Bajo sitio, el espacio se hace tiempo,
cita olvidada.


El próximo poema se publicó originalmente en el periódico al-Quds el 21/22 de octubre de 2000; recrea las conocidas imágenes del asesinato, el 30 de septiembre de 2000, del niño Muhammad ad-Durra, acribillado por el ejército israelí en brazos de su padre.


Muhammad


Muhammad,
acurrucado en brazos de su padre, es un pájaro temeroso
del infierno del cielo: papá, protégeme,
que salgo volando, y mis alas son
demasiado pequeñas para el viento… y está oscuro.

Muhammad,
quiere volver a casa, no tiene
bicicleta, tampoco una camisa nueva.
Quiere irse a hacer los deberes
del cuaderno de conjugación y gramática: llévame
a casa, papá, que quiero preparar la lección
y cumplir años uno a uno…
en la playa, bajo la palmera…
Que no se aleje todo, que no se aleje…

Muhammad,
se enfrenta a un ejército, sin piedras ni
metralla, no escribe en el muro: "Mi libertad
no morirá" -aún no tiene libertad
que defender, ni un horizonte para la paloma
de Picasso. Nace eternamente el niño
con su nombre maldito.
¿Cuántas veces renacerá, criatura
sin país… sin tiempo para ser niño?
¿Dónde soñará si se queda dormido…
si la tierra es llaga… y templo?

Muhammad,
ve su muerte viniendo ineluctable, pero
se acuerda de una pantera que vio en la tele,
una gran pantera con una cría de gacela acorralada; mas al
oler de cerca la leche
no se abalanza,
como si la leche domara a la fiera de la estepa.
"Entonces -dice el chico- me voy a salvar".
Y se echa a llorar: "mi vida es un escondite
en la alacena de mi madre, me voy a salvar… yo daré fe".

Muhammad,
ángel pobre a escasa distancia del
fusil de un cazador de sangre fría. Uno
a uno la cámara acecha los movimientos del niño,
que se funde con su imagen:
su rostro, como la mañana, está claro,
claro su corazón como una manzana,
claros sus diez dedos como cirios,
claro el rocío en sus pantalones.
Su cazador debería habérselo pensado
dos veces: le voy a dejar hasta que sepa deletrear
esa Palestina suya sin equivocarse…
me lo guardo en prenda
y ya le mataré mañana, ¡cuando se revuelva!

Muhammad,
un jesusito duerme y sueña en
el corazón de un icono
fabricado de cobre,
de madera de olivo,
y del espíritu de un pueblo renovado.

Muhammad,
hay más sangre de la que precisan los noticiarios
y a ellos les gusta: súbete ya
al séptimo cielo,
Muhammad.


(Traducción de Luz Gómez García)
(Publicado en Nación Árabe, nº 43, invierno 2001)